Altamira, un viaje de 15.000 años
Escrito por Iván el Miércoles, 4 de Junio del 2008 a las 22:32
El pasado, y lluvioso, fin de semana aproveché para visitar el Museo de Altamira en las proximidades de Santillana del Mar, su principal atractivo es sin duda la reproducción a escala real de la Cueva de Altamira, cerrada al público por motivos de conservación desde 2004 (un equipo multidisciplinar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto de Patrimonio Histórico Español viene analizando los parámetros ambientales y el grado de contaminación microbiológica de la cavidad para determinar las condiciones reales de conservación y establecer un nuevo régimen de visitas para los próximos años).
Reconozco que la Neocueva y el museo me sorprendieron gratamente. Situado en las cercanías de la cueva, el edificio obra del arquitecto Juan NavarroBaldeweg, se integra y mimetiza con el paisaje y el entorno de tal manera que uno no se percata de su presencia hasta llegar a su puerta. En el interior se muestra una colección de piezas procedentes de varios yacimientos arqueológicos de Cantabria y una serie de recreaciones, paneles explicativos y videos . Todo se presenta de una forma amena y didáctica que muestra como debía de ser la vida en la época en que se pintó la cueva.
Sin embargo lo que hace a este museo diferente es la reproducción de la cueva y sus pinturas. Se accede a ella en pequeños grupos, tras pasar por una sala de proyecciones en la que un video, a modo de máquina del tiempo, hace un recorrido por los diferentes periodos por los que ha pasado la cueva. Al entrar en la boca de la cavidad es posible apreciar una de las pocas diferencias que tiene la Neocueva respecto a la original: reproduce Altamira tal y como debía de ser hace 15.ooo años, sin los derrumbes posteriores. Se recrea la zona de la boca de la cavidad, el lugar donde sus moradores realizaban sus actividades cotidianas, y mediante una logradísima proyección virtual podemos ver a los miembros de una familia del periodo magdaleniense. Este espacio se aprovecha para explicar como se hace una excavación arqueológica y qué materiales y técnicas se emplearon para realizar las pinturas rupestres.
En la parte más oscura y profunda de la cavidad es donde los pintores, ayudados por la luz de lámparas de tuétano, representaron las manadas de caballos, bisontes o ciervos que se supone atienden a un fin espiritual. La reproducción impresiona por su altísima calidad (dedicaremos en breve una anotación a la realización de la Neocueva y las técnicas empleadas) y tan sólo la presencia de los elementos de la musealización (luces y pasarelas) nos recuerdan que no estamos en la verdadera Altamira. Aún así os recomiendo la visita de este museo, a la espera de que algún día podamos entrar en la vieja, pero emocionante, cavidad.
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Categoria: Museos
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