Escrito por Iván el Lunes, 8 de Marzo del 2010 a las 20:39
Desde el pasado mes de diciembre se expone en las Salas del Tesoro del Delfín del Museo del Prado un curioso cuadro de Pietro da Cortona dedicado a la Natividad. Lo que hace especial a esta obra, recientemente restaurada por Elisa Mora en los talleres del Prado, es su soporte, extraño y único. Tradicionalmente se creía que el cuadro estaba pintado al óleo sobre una superficie de venturina, una piedra semi preciosa con pequeños puntos de cobre que brillan con la luz, por lo que la obra presenta aspectos diferentes si se contempla a la luz del día, o con una luz tenue de velas que hace que el fondo vibre, aportando a la Natividad un aspecto casi mágico.
La reciente restauración y sus estudios han servido para descubrir que en realidad la Natividad está pintada sobre un soporte confeccionado con tres piezas de pizarra y más de cuarenta de masilla vítrea con partículas de cobre que imitan venturina, la pizarra se emplea en la escena y la pasta vítrea en el cielo.
Ahora en el Prado la obra se expone con una luz que varía su intensidad para recrear el efecto que buscó Pietro da Cortona para evocar el cielo nocturno estrellado.
Prestando atención a la foto que aparece en este enlace se pueden apreciar los cambios en la obra según la intensidad de la luz y conocer algo más sobre el cuadro.
Escrito por Iván el Miércoles, 9 de Diciembre del 2009 a las 21:43
Hace unos meses abrió de nuevo sus puertas en Valladolid, tras más de nueve años de reformas, el museo anteriormente conocido como Nacional de Escultura, y que ahora han rebautizado como Colegio de San Gregorio. El museo expone en sus nuevas salas, antiguas piezas de una belleza sobrecogedora: basta con citar la Magdalena penitente de Juan de Mena o el Santo Entierro de Juan de Juni… Pero sin duda una de las estrellas del museo es el retablo de la iglesia de San Benito de Alonso Berruguete, y su nuevo montaje museográfico. Los que conocieron el museo de escultura antes de su reforma recordarán sus viejas salas de suelos crepitantes y paredes recubiertas de terciopelo, pero llenas de encanto, allí se exponía el desmembrado retablo que ideó y realizó el escultor castellano entre 1527 y 1532.
Según la información que podemos encontrar en la también renovada página web del museo, el retablo mayor de San Benito el Real “es la expresión de una decisión arriesgada en favor de soluciones que rompían con la tradición, con unas novedades transmutadas de los centros europeos de vanguardia, sin necesidad de intermediarios. El encargo a Alonso Berruguete, después de su regreso de Italia, lugar de peregrinación y de intercambio de artistas de todo el continente, pone en evidencia el interés de la comunidad benedictina de Valladolid por situarse en la órbita de los patrones renacentistas italianos. Las soluciones se hacen presentes en el desarrollo de la misma máquina, desde la originalidad quebrada de la planta monumental, al gigantesco remate avenerado.
Las peculiaridades formales y estilísticas de Berruguete le confieren un carácter de especial expresión personal en la disciplina escultórica, pero también pictórica según se puede contemplar en este mismo retablo, heredera del dramatismo medieval pero sumando las pautas estéticas acuñadas por el feliz redescubrimiento del mundo clásico. Esta combinación genial de vocabulario, que ya Berruguete había experimentado en su obra temprana de la Mejorada de Olmedo, y que se puede ejemplificar en la incorporación de ninfas y amorcillos al contenido ornamental del banco, se ahonda en el concepto general del gran conjunto de San Benito.
El diseño programático de la narración propuesta se articulará con la utilización de esculturas de bulto, relieves y pinturas, imbricadas en una estructura arquitectónica de llamativa presencia en el interior de un templo de características góticas, con naves elevadas y espaciosas, que se transformaba en renacentista por la propia acción delretablo. El estudio formal y la revisión iconográfica han proporcionado, en los últimos años, nuevas pautas para una lectura en clave que tiene en Italia su punto de partida, con la reinterpretación genial de Berruguete.
Los modelos empleados, tanto en la arquitectura como en el desarrollo escultórico y ornamental, remiten a la estancia de Berruguete en contacto con el mundo italiano de la Antigüedad, en perfecta simbiosis con la aportación de los grandes maestros con quienes convivió. La planta y el alzado delretablohace mucho tiempo que se pusieron en relación con el Belvedere bramantesco, pero los estrechos vínculos con la cultura y las fuentes del momento todavía pueden perfilarse con mayor precisión. Los recuerdos de la Domus Aurea, a la hora de proponer modelos para el desarrollo de la gigantesca venera central, forman parte del conocimiento del vocabulario del pasado con el que el maestro estuvo documentalmente familiarizado. (Leer mas …)
Escrito por Iván el Domingo, 10 de Mayo del 2009 a las 20:44
Muchas de las obras de arte que actualmente podemos contemplar en los museos son parte de conjuntos artísticos que se han perdido casi en su totalidad o que han sido desmembrados. Las diferentes piezas que fueron hechas para formar parte de un conjunto, como un retablo, están concebidas para ser vistas desde una determinada posición y distancia. Es de sobra conocido el que las tallas que se sitúan en las zonas altas de los retablos varían sus proporciones y modifican sus posturas para ser percibidas correctamente desde el suelo. Cuando estas esculturas se observan de frente, pueden parecer desproporcionadas, deformes e incluso mal ejecutadas.
El sistema expositivo que mostramos hoy reproduce de una forma sencilla la estructura y tamaño del retablo al que pertenecieron las tallas de Juan de Mesa , para situar a la Virgen en una hornacina y a las figuras recostadas en el ático.
La imagen pertenece al Museo de Bellas Artes de Sevilla, que podemos visitar de forma virtual aquí (el retablo está en la sala 10, junto a las obras de Zurbarán).
Escrito por Iván el Domingo, 12 de Abril del 2009 a las 16:33
No ha pasado mucho tiempo desde que comentamos por aquí la noticia de la restauración de La Madonna del ruiseñor de Rafael, pues bien, hace ya algunos días se presentaba al público la restauración de otra de las obras del genial pintor de Urbino,Los desposorios de la Virgen. El cuadro, que se conserva en la Pinacoteca de Brera (Milán), fue pintado en 1504 cuando Rafael tenía 21 años y está firmado y fechado en el edificio de planta centralizada que aparece al fondo de la escena. Sobre el friso del arco central se puede leer: RAPHAEL URBINAS MDIIII. Para los historiadores del arte esta pintura sobre tabla representa la transición del Prerrenacimiento al Alto Renacimiento.
Los desposorios de Rafael sigue de cerca el tema y la composición de una obra que su amigo Perugino había pintado ese mismo año, y el mural que representa la Entrega de las llaves a San Pedroque se encuentra en la Capilla Sixtina, obra del mismo pintor. Los desposorios fue ejecutada inmediatamente antes del viaje de Rafael a Florencia donde descubrirá la escultura de Donatello y la pintura de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel (con el que llegará a competir).
Escrito por Iván el Viernes, 10 de Abril del 2009 a las 16:26
En estos días de Semana Santa es posible ver un espectáculo único: piezas cumbres de la imaginería manierista y barroca desfilando por las calles en procesión. En Valladolid, poder contemplar los “pasos” monumentales de Gregorio Fernández, en movimiento, constituye un lujo ya que fueron concebidos para verse así, de una manera teatral y con puntos de vista cambiantes.
Algunos de estos pasos son propiedad de las cofradías, pero otros descansan durante el año en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio (antes Nacional de Escultura) que los presta a las cofradías y que vela por su correcta conservación. El problema surge cuando se vislumbran nubes en el horizonte y amenaza lluvia. Entonces la prudencia de los conservadores del museo choca con la devoción del pueblo y los intereses turísticos.
Si la lluvia sorprende a las tallas en su recorrido la única medida que se puede adoptar es taparlas con un plástico…lo mismo que se hacía en los años 50 tal y como muestra la película Fuego en Castillade José Val del Omar.
Han pasado casi doce años desde que en diciembre de 1996 el Museo del Pradopresentara el lienzo restaurado. El nuevo aspecto del cuadro tras la limpieza del fondo negro cambiaba radicalmente la imagen del misterioso y melancólico personaje y no dejó indiferente a nadie.
Hace ya unos cuantos años desde que todo esto sucedió, y mi intención aquí no es reabrir un debate con difícil resolución. Si recuerdo toda esta historia es porque cada vez que visitamos el Museo del Prado, el folleto con el plano del museo (publicado en varios idiomas y que se reedita cada seis meses, ya que los cuadros cambian con cierta frecuencia de sala) se encarga de recordarnos como era el caballero antes de su restauración, ya que es la foto que aparece en la portada.
La verdad es que no comprendo el motivo por el que la imagen de el Prado sigue siendo el oscuro y misterioso retrato y no el restaurado. Se me ocurren tres cosas:
1. Que los encargados de hacer el folleto no se han enterado de que el cuadro se restauró.
2. Que por algún motivo creen que la foto del cuadro antes de la restauración es más atractiva que la actual.
3. Que lo hacen para que el público compare entre el antes y el después cuando estén frente al cuado…
Escrito por Iván el Miércoles, 4 de Junio del 2008 a las 22:32
El pasado, y lluvioso, fin de semana aproveché para visitar el Museo de Altamira en las proximidades de Santillana del Mar, su principal atractivo es sin duda la reproducción a escala real de la Cueva de Altamira, cerrada al público por motivos de conservación desde 2004 (un equipo multidisciplinar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto de Patrimonio Histórico Español viene analizando los parámetros ambientales y el grado de contaminación microbiológica de la cavidad para determinar las condiciones reales de conservación y establecer un nuevo régimen de visitas para los próximos años).
Reconozco que la Neocueva y el museo me sorprendieron gratamente. Situado en las cercanías de la cueva, el edificio obra del arquitecto Juan NavarroBaldeweg, se integra y mimetiza con el paisaje y el entorno de tal manera que uno no se percata de su presencia hasta llegar a su puerta. En el interior se muestra una colección de piezas procedentes de varios yacimientos arqueológicos de Cantabria y una serie de recreaciones, paneles explicativos y videos . Todo se presenta de una forma amena y didáctica que muestra como debía de ser la vida en la época en que se pintó la cueva.
Sin embargo lo que hace a este museo diferente es la reproducción de la cueva y sus pinturas. Se accede a ella en pequeños grupos, tras pasar por una sala de proyecciones en la que un video, a modo de máquina del tiempo, hace un recorrido por los diferentes periodos por los que ha pasado la cueva. Al entrar en la boca de la cavidad es posible apreciar una de las pocas diferencias que tiene la Neocueva respecto a la original: reproduce Altamira tal y como debía de ser hace 15.ooo años, sin los derrumbes posteriores. Se recrea la zona de la boca de la cavidad, el lugar donde sus moradores realizaban sus actividades cotidianas, y mediante una logradísima proyección virtual podemos ver a los miembros de una familia del periodo magdaleniense. Este espacio se aprovecha para explicar como se hace una excavación arqueológica y qué materiales y técnicas se emplearon para realizar las pinturas rupestres.
En la parte más oscura y profunda de la cavidad es donde los pintores, ayudados por la luz de lámparas de tuétano, representaron las manadas de caballos, bisontes o ciervos que se supone atienden a un fin espiritual. La reproducción impresiona por su altísima calidad (dedicaremos en breve una anotación a la realización de la Neocueva y las técnicas empleadas) y tan sólo la presencia de los elementos de la musealización (luces y pasarelas) nos recuerdan que no estamos en la verdadera Altamira. Aún así os recomiendo la visita de este museo, a la espera de que algún día podamos entrar en la vieja, pero emocionante, cavidad.
La luz rasante es un sencillo método de examen para el análisis de las obras de arte. Es tan simple como situar un foco de luz de manera que ilumine la obra desde un ángulo lateral casi en paralelo con su superficie. Gracias a la luz rasante es posible apreciar detalles de la pieza que a simple vista pasaban desapercibidos. Algo parecido es lo que propone este blog. Poner de relieve y analizar de una forma sencilla temas relacionados con el arte el patrimonio, su conservación y su restauración.