Escrito por Iván el Jueves, 19 de Junio del 2008 a las 18:25
De esta guisa y con estos medios el maestro Stefanoni, experto italiano en arranque de pintura mural, extrae en 1919 los murales románicos de la iglesia de Santa María de Tahüll (Lérida) para llevarlas al museo de Barcelona.
Escrito por Iván el Lunes, 9 de Junio del 2008 a las 18:18
Mientras tanto, la conservación de los restos de pintura que permanecieron en la ermita empeoró de forma precipitada.
El estado de la cubierta acentuaba el problema y se decidió acondicionar la techumbre para evitar las continuas filtraciones de agua. Antes de proceder a la rehabilitación de la cubierta se consideró necesario arrancar los restos de pintura que aún permanecían en su emplazamiento original (en la bóveda y los nervios) para garantizar su conservación, así que en 1966 Joaquín y Arquímedes Ballester, técnicos del entonces Instituto Central de Restauración, procedieron a realizar el arranque de los restos pictóricos, los embalaron y los depositaron en el Instituto de Patrimonio para conservarlos hasta su regreso a la ermita soriana.Durante treinta años estos fragmentos permanecieron almacenados.
En 1995 se comienza a escribir un nuevo capítulo de la historia de San Baudelio. Por encargo del Ministerio de Cultura la empresa Coresal realiza un estudio previo para la intervención integral en la ermita, que no finalizó hasta 2002.
En este periodo se acometieron trabajos en el edificio, aquejado de graves problemas de humedad, y posteriormente en las pinturas. Se trabajó en la conservación de los restos murales que permanecían in situ y se reubicaron los fragmentos arrancados en 1965. Además se repusieron morteros para lograr una presentación estética adecuada de la obra y se recuperaron algunos elementos del templo, como el altar. la escalera del coro o el suelo original de tierra compactada.
Uno de los grandes aciertos de esta intervención radica en la decisión de no instalar luz artificial en la ermita, así la iluminación natural penetra en el interior del edificio por la puerta y por sus dos pequeños vanos, manteniendo el clima de recogimiento y misterio.
Escrito por Iván el Domingo, 8 de Junio del 2008 a las 15:33
En las cercanías de la localidad soriana de Berlanga de Duero se encuentra la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, enclavada en el duro territorio fronterizo de la extremadura soriana, presenta un exterior sencillo y austero (como el paisaje de la zona) que para nada anuncia su interior, rico y único. Su construcción data de finales del siglo XI, aunque se se sitúa sobre una cueva eremítica, en las cercanías de un manantial, relacionada con el culto a San Baudelio: mártir de Nimes, en el siglo IV.
Dos son los elementos que hacen que San Baudelio sea un lugar excepcional. Por un lado su original y compleja arquitectura, resultado de la unión de elementos de orientales y occidentales, y que genera elementos tan singulares como la columna central en forma de palmera o la parte baja del coro que recuerda las formas de una mezquita. Esta estructura arquitectónica se ve enriquecida por uno de los conjuntos murales románicos más importantes de la Península, cuya historia recordaremos para llegar a comprender el aspecto que tiene esta ermita en la actualidad.
San Baudelio tenía sus paramentos interiores totalmente decorados con escenas del Nuevo Testamento, representaciones de animales (elefantes, dromedarios, osos) y cacerías, motivos decorativos geométricos y otros que representan telas. La pintura es posterior al edificio, se suelen fechar como del final del siglo XII o principios del XIII, y es obra de por lo menos tres autores (o talleres) diferentes: el llamado Maestro de Maderuelo (al que pertenecerían los temas decorativos de arcos, bóvedas y las escenas bíblicas), el Maestro de Berlanga (autor de las escenas de caza y los animales exóticos) y un tercer maestro que realizó las pinturas del interior del coro.
Estas pinturas pasaron desapercibidas durante siglos con algunas zonas ocultas bajo enjalbegados de cal lo que hizo que el estado de conservación del conjunto mural fuese bueno. En 1919 el eminente historiador Manuel Gómez- Moreno publica el libro “Iglesias Mozárabes” y saca a la luz el conjunto de pinturas que hasta entonces había pasado desapercibido (aunque el edificio estaba declarado Monumento Nacional desde 1917). Esta publicación no debió de llamar la atención de las autoridades de la época, pero si de los coleccionistas y marchantes que se fijaron rápidamente en las pinturas.
En esos años los propietarios de la ermita eran los vecinos de Casillas de Berlanga (que la poseían dividida, fruto de sucesivas herencias); en 1922 el anticuario de origen judío León Leví (”perfil de maravedí” dice Gerardo Diegoen un poema dedicado a la ermita) consigue hacerse con las pinturas por 60.000 pesetas. La repercusión de esta operación es grande y el Estado decide prohibir la venta de los murales. Vendedores y compradores recurrieron a los tribunales y en 1925 obtienen una sentencia a favor fallada por el Tribunal Supremo (el vacío legal de la época permitió que esto fuera posible, pero a partir de ese momento surgieron leyes de protección del patrimonio histórico).
En 1926, tras la eliminación de las capas de cal que ocultaban parte de las pinturas, expertos italianos llegan a San Baudelio para arrancar las pinturas murales. El edificio quedó desnudo y tan solo se salvaron las partes de difícil acceso (bóvedas y nervios). El proceso de extracción de las pinturas se hizo siguiendo la técnica italiana del strappo, con este sistema se extrae tan sólo la capa de pintura más superficial por lo que deja en el muro, tras el arranque, parte del dibujo, pero de forma desvaída.
En el año siguiente las pinturas fragmentadas en escenas, salen de España hacia Londres, allí tras ser montadas sobre lienzo, parten camino de Estados Unidos donde son comprados por el coleccionista y marchante Gabriel Dereppe de Nueva York que a su vez las vende a varios museos: al Museo de Arte de Indianápolis va a parar la “entrada de Jesús en Jerusalén”, al Museo de Cincinati el “halconero” y al Museo Metropolitano de Nueva York varias escenas de caza y animales.
Escrito por Iván el Jueves, 15 de Mayo del 2008 a las 20:25
A mediados del siglo XX con la generalización de los adhesivos sintéticos se produce un cambio que afecta a la técnica del reentelado. Aparecía una alternativa a las forraciones tradicionales de colas y ceras que presentaban varios problemas (mal envejecimiento, impregnaban las telas, podían volverse inestables con los cambios de humedad, el proceso requería del uso de humedad y calor, etc.). Hoy en día los reentelados con estos nuevos productos están muy extendidos, aunque hay quien sigue prefiriendo las técnicas y productos tradicionales.
La aparición en el mercado de nuevos adhesivos se vio acompañada por el desarrollo de diversos tejidos sintéticos, flexibles e inertes, con los que reforzar los antiguos lienzos. La poliamida, el polipropileno, el poliéster o la fibra de vidrio son una extraordinaria alternativa a los tejidos naturales: son muy resistentes ya que no se ven afectados por la humedad y tienen buen envejecimiento. En un principio el uso de estos nuevos tejidos constituía un problema a nivel estético debido a su aspecto plasticoso y a su color blanco. En la actualidad es posible encontrar telas sintéticas con un color y textura similar a la del lino.
De entre la multitud de adhesivos sintéticos que se pueden emplear en una forración destacan los siguientes:
1. Las ceras sintéticas. Se trata de una evolución de las ceras-resinas, suelen estar formadas por ceras microcristalinas y parafinas. Aunque su poder adhesivo es más alto que el del sistema del que proceden, suelen dar problemas ya que la cera impregna en exceso la tela y la película pictórica, esto se traduce en una saturación y cambio de los colores de la obra.
2. Los copolímeros acetato vinilo-etileno. Supusieron una revolución en el campo de la restauración, dentro de este grupo, el adhesivo más utilizado es la BEVA®, en cualquiera de sus múltiples variedades. Este adhesivo desarrollado por Gustav A.Berguer y utilizado desde los años 70 se creó como una alternativa a los entelados de cola y engrudo. Entre las múltiples ventajas la BEVA podemos destacar su buen envejecimiento, su reversibilidad (con calor o disolventes), la posibilidad de controlar su penetración en el tejido y su variedad de presentaciones que permite aplicarla en seco (activándola con temperatura) o en húmedo (por adhesión directa o activándola con disolventes). Todas estas cualidades hacen que sea idóneo para realizar reentelados, aunque existen otros copolímeros como el Adam® EVA que también se han utilizado en este campo.
3. Las resinas acrílicas en dispersión acuosa. En ocasiones se utilizan espesadas con tolueno (que invierte a dispersión y aumenta la viscosidad), las más empleadas son el P.V.A. (que se desaconseja por su mal envejecimiento), el PLEXTOL® y el PLEXISOL®.
Para seguir completando esta serie de anotaciones dedicadas al reentelado, comentaremos en las próximas semanas tipos especiales de forración como la transparente o el Nap Bond, y algunos detalles sobre las herramientas que se utilizan para reentelar y su uso (mesas calientes, de succión, telares…)
Escrito por Iván el Miércoles, 7 de Mayo del 2008 a las 17:31
El reentelado tradicional es aquel que se realiza utilizando materiales de origen natural. La nueva tela suele ser de lino, con un tipo de tejido y densidad similar al de la tela original pero resistente y tupida (aunque a menudo se suele recomendar de manera genérica el lino tipo Velázquez).
A esta tela nueva hay que “fatigarla”, ya que los tejidos naturales varían sus dimensiones cada vez que se humedecen y secan. Este proceso es necesario ya que con las variaciones de humedad a las que se somete al tejido, durante el propio proceso de reentelado, la tela nueva se movería arrastrando con ella al tejido antiguo y a la propia pintura. Para fatigar la nueva tela ésta se monta en un telar (bastidor sólido de madera o metal) que la mantiene tensa, y se somete a sucesivos mojados y atirantados (se suele recomendar que por lo menos sean tres), la nueva pieza de tela se quedará montada en este telar hasta el final del proceso de forración.
El adhesivo que se utiliza para pegar el tejido de lino al original es también de origen natural. Los más utilizados históricamente son:
La coletta (su receta tradicional procede de Italia y entre sus ingredientes básicos destacan la cola de carpintero o cola fuerte, agua, melaza, hiel de buey, fenol y vinagre) y la gacha (el adhesivo más empleado para reentelados en España; es una pasta compuesta de harina, coletta, agua, trementina de Venecia y fenol) ambos son adhesivos acuosos por lo que su utilización con una tela de algodón está desaconsejada. Entre las ventajas que presenta el reentelado con estos adhesivos destacan la reversibilidad del proceso, el que la propia técnica permite realizar de manera simultánea un sentado de color y que la penetración del adhesivo en la capa pictórica es menor que con el método de la cera-resina. Uno de los principales inconvenientes de la gacha y de la coletta es su sensibilidad ante los cambios de humedad, por lo que un lienzo reentelado con estas técnicas debe de conservarse con unas condiciones de humedad y temperatura estables.
La cera-resina o método holandés. Normalmente se mezclaba cera de abeja con algún tipo de resina. Este tipo de adhesivo era el más utilizado en países húmedos del norte de Europa. Tiene la desventaja frente a la gacha de que si la pintura se halla levantada hay que sentar el color antes de reentelar, pero más importante aún es que puede generar cambios de saturación y de aspecto en la pintura ya que el adhesivo puede penetrar en la película pictórica, una vez que esto ha sucedido será irreversible.
El proceso del entelado es complejo y requiere destreza y práctica por parte del restaurador que lo realiza. Si se emplea la coletta o la gacha será necesaria la protección previa de la superficie de la pintura mediante un empapelado, ya que al reactivarse la preparación, por la humedad del adhesivo, la pintura queda indefensa. La unión entre las telas se realiza tras la aplicación del adhesivo, y se refuerza su acción mediante el empleo de presión y calor (tradicionalmente mediante planchado y posteriormente con el uso de mesas calientes).
Los sistemas de forración son complicados, así que si os interesa, os recomiendo tres libros en español con los que podéis profundizar y conocer detalladamente los procesos y recetas de cada tipo de forración:
Melchor,L. “La Praxis de la Restauración en el Taller de Pintura”, Universidad Complutense, Madrid, 1987.Sobre el reentelado tradicional con sus recetas y explicado paso a paso.
Calvo, A., “Conservación y restauración de pintura sobre lienzo”, Ediciones del Serbal, Madrid, 2002. Habla de los diferentes tipos de forración y sus ventajas e inconvenientes.
Nicolaus, K., “Manual de restauración de cuadros”, Könemann, Köln,1999. De interés general y para el estudio del sistema de reentelado con cera-resina.
La próxima semana nos acercaremos a las forraciones con materiales sintéticos y con el empleo de nuevas técnicas.
Escrito por Iván el Jueves, 1 de Mayo del 2008 a las 20:37
Es indescriptible la emoción que se siente cuando en el transcurso de una restauración se descubre una obra oculta, por insignificante que ésta sea. Pues tratad de imaginar qué puede pasar si la calidad de la obra que aparece es mayor que la de la obra que inicialmente se restauraba, como sucedió en el presbiterio de la Catedral de Valencia. Además la sorpresa irá acompañada de una serie de preguntas ¿qué obra es más importante? ¿se debe de eliminar una para descubrir la otra?
En el transcurso de la restauración de la bóveda barroca que recubría el presbiterio de la Catedral de Valencia, el 22 de Junio de 2004, se practicó un orificio a través del cual, se introdujo una cámara digital y se tomaron varias fotografías. Al observarlas se comprobó lo que se sabía gracias a los documentos históricos: sobre la bóveda barroca, diseñada en el siglo XVII por el arquitecto Juan Pérez Castiel, se escondían otra bóveda gótica decorada con unos frescos realizados en el siglo XV por los pintores renacentistas italianosFrancesco Pagano y Paolo de San Leocadio. De forma casi milagrosa la pintura mural se encontraba en un excelente estado de conservación ya que no fue picada para construir la nueva bóveda, que se hizo dejando un espacio de 80 cm. entre ambas.
Las pinturas, que representan ángeles músicos, además de conservarse muy bien, eran de una calidad extraordinaria, y en seguida surgió la tentación de recuperarlas, aunque supusiera la eliminación de la ornamentación barroca. Se planteaba la conservación de un bien frente a otro bien.
Finalmente se optó por la eliminación gran parte de la estructura barroca (se conservaron los nervios de la bóveda), solución no exenta de críticas, ya que existían opiniones en contra que consideraban que esta acción eliminaba la historia e iba en contra de la “Teoría de la Restauración” de Cesare Brandi, filosofía sacada de la “Carta de Venecia”.
Los trabajos de restauración ejecutados por la fundación La Luz de las Imágenes, bajo la dirección técnica de Carmen Pérez, plantearon la eliminación de la parte barroca como una intervención reversible y se realizó una importante tarea de documentación mediante escaneado y fotogrametría.
Para el desmontaje de la bóveda barroca fue necesaria su protección temporal empapelándola con cola orgánica, posteriormente se fragmentó con sierras mecánicas en unos 300 trozos para que fuesen manejables. Una vez desmontados se embalaron, numeraron y almacenaron.
El tratamiento íntegro de las pinturas fue muy interesante y se puede ver detalladamente en estos vídeos (aunque la locución es en valenciano, se entiende bastante bien). Lo más interesante fue la reintegración cromática de la cara de uno de los ángeles que había sido picada: se sacó un calco, en un acetato transparente, de otro de los ángeles simétricos y con un rostro similar, y para la reintegración se utilizó la técnica del regatino (líneas paralelas) diferenciable de cerca, pero que pasa desapercibida desde la distancia.
Aunque el resultado de esta intervención es impresionante hay quien opina, como el restaurador italiano Gianluigi Colalucci, que la eliminación parcial de la bóveda, manteniendo los nervios barrocos, constituye un gran error, se deberían de haber eliminado y sacado a la luz las nervaduras originales ya que “la conservación de las nervaduras barrocas no sirve ni para el texto barroco, que queda ahora solo como documento, ni para los frescos (…) hoy por hoy los frescos corren el riesgo de permanecer ahogados por las redundantes esculturas barrocas que cortan el arranque de las antiguas nervaduras.”
Sea como sea, tras la intervención en las pinturas se está llevando a cabo un interesante programa de medición de parámetros ambientales (luz, temperatura, humedad…) con unos sensores que se colocaron en los frescos durante la restauración. Y es posible gracias al uso de las nuevas tecnologías de realidad virtual volver a ver la bóveda barroca en su lugar gracias a unas gafas de simulación en tres dimensiones.
Escrito por Iván el Martes, 29 de Abril del 2008 a las 13:40
Cuando hace unos días escribía la anotación sobre la restauración de los cuadros del dos de Mayo de Goya intenté buscar un enlace que explicara de manera clara qué es un reentelado, me sorprendió comprobar la poca información que existe en la red sobre una técnica tan antigua y habitual en restauración. Por este motivo me he decidido a escribir sobre el tema inaugurando así una nueva categoría sobre técnicas de restauración.
El entelado, forración o reentelado es una técnica de restauración de pintura sobre lienzo. Se utiliza cuando la tela de un cuadro se encuentra tan degradada que ha perdido su función de soporte, y por lo tanto hace peligrar la conservación de la pintura. Aunque el fin principal de la forración es reforzar la tela antigua también se utilizó históricamente para eliminar deformaciones, regenerar la preparación, adherir una película pictórica desprendida…
El uso y abuso de los reentelados en la restauración, es una técnica ya documentada en el siglo XVII, hace que en la actualidad sólo se recurra a ella en casos extremos. Respecto a los entelados antiguos es recomendable no eliminarlos, siempre que no afecten a la conservación del cuadro, ya que cualquier intervención en el soporte de tela es traumática para una obra.
Así pues un reentelado se hace adhiriendo una tela nueva, previamente preparada y con unas características especiales para que se adecue al cuadro, a la original. De esta manera dotará de consistencia a la tela degradada y envejecida por la oxidación, desgarros, pérdidas de tela, etc.
El tipo de tela, y sobre todo de adhesivo utilizado para la forración, se seleccionan teniendo en cuenta las características, la técnica y el estado de conservación de la obra. Según los materiales (tela y adhesivo) que se empleen para la forración, ésta puede ser : tradicional o también llamada “a la gacha”, o sintética.
En estos días iremos viendo estas dos técnicas, sus ventajas, desventajas y variantes.
Escrito por Iván el Jueves, 17 de Abril del 2008 a las 15:23
Este es un cartel que alguien trajo de un viaje a Italia y que tenemos colgado en la pared del taller. Me parece una imagen muy sugerente y bonita. Muchas veces los restauradores pasamos tanto tiempo frente a una obra que acabamos por meternos dentro de ella…
Escrito por Iván el Lunes, 14 de Abril del 2008 a las 17:47
En 1997 un terremoto sacudió la región italiana de Umbría en la que se encuentra la Basílica de San Francisco de Asís. El Santuario alberga en su interior un impresionante conjunto de pintura mural que se atribuye a varios maestros, entre los que destacan Giotto y Cimabue. Aunque la totalidad de las pinturas sufrió importantes daños, una de las zonas más afectadas por el seísmo fue la bóveda en la que se representa a San Jerónimo y el arco contíguo decorado con las figuras de doce santos. Estas zonas se derrumbaron totalmente, cayendo al suelo y partiéndose en miles de pequeños fragmentos (unos 300.000).
Las primeras intervenciones no se hicieron esperar y fueron encaminadas a garantizar la estabilidad del edificio y su estructura, esta fase de los trabajos concluyó a finales de 1998. Para la reconstrucción de las bóvedas no se empleó cemento, ya que suponía mucho peso para la estructura; en la superficie exterior de éstas, se extendieron nervaduras de madera laminada que se reforzaron con fibra de kevlar y se anclaron al tejado utilizando unos tirantes metálicos de muelle. Con esta solución se asegura la estructura arquitectónica sin crear problemas a los frescos.
Las tareas de recuperación de las pinturas murales fueron mucho más complejas y plantearon importantes retos. El primero de ellos separar los escombros y el polvo de la parte desplomada, de los fragmentos con pintura. Un trabajo que fue posible gracias a la colaboración de 520 voluntarios, en su mayoría estudiantes de Restauración e Historia del Arte.
La restauración fue realizada por 15 técnicos del Istituto Centrale per il Restauro de Roma, que en primer lugar ordenaron y clasificaron los miles de fragmentos en función de colores, matices, técnica de ejecución, lineas de fractura, etc. Las pequeñas piezas se fueron colocando, como si de un inmenso puzzle se tratase, sobre unas fotografías, en color y a tamaño natural, de las pinturas de la bóveda antes del derrumbe.
Con los fragmentos recuperados, e infinita paciencia, se fueron recomponiendo las escenas y se montaron sobre un nuevo soporte.
Tras la limpieza de la superficie pictórica, realizada con una goma de borrar sintética que eliminó la capa de polvo y suciedad, se planteó el segundo gran reto de esta restauración: cómo presentar los fragmentos una vez reconstruidos, y cómo reintegrar el color para que la lectura de las escenas fuera posible, ya que la cantidad de superficie pictórica perdida era muy alta.
Se optó por una reintegración del color, que el director de los trabajos denominó “degradación cromática”; se trataba de que la carencia de color de las partes perdidas no llegara a notarse dentro del conjunto de las imágenes. Ésto se logró reconstruyendo el color y la forma de las zonas perdidas, pero con menos intensidad que en las zonas originales. Así las zonas repuestas se integran dentro del original, de tal manera que desde la distancia de observación del espectador pasan desapercibidas.
En 2001 se recolocaron los santos del arco y un año después la cúpula de San Jerónimo. Habría que esperar hasta 2006 para que se finalizara la restauración del resto de las bóvedas. El resultado es espectacular.
Para los interesados en profundizar en los detalles técnicos de la intervención, tanto del edificio como de las pinturas, están disponibles en el boletín De la utopía a la realidad, que se publicó durante los años que duraron las obras.
Escrito por Iván el Jueves, 10 de Abril del 2008 a las 19:14
El lunes 14 de abril se inaugura en el Museo del Prado la exposición “Goya y los años de la guerra“, uno de los alicientes de esta muestra temporal (aunque tiene muchos) es la oportunidad de poder contemplar El 2 de mayo o la carga de los mamelucos yLos fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío con su nuevo aspecto tras pasar por los talleres de restauración del museo.
La historia de esta intervención viene de lejos. En 1936, ante la amenaza que suponían los bombardeos sobre Madrid durante la Guerra Civil, varias obras del Prado fueron embaladas y trasladadas a Valencia para salvaguardarlas. En 1938 los lienzos sufrieron un nuevo viaje, en esa ocasión de Valencia a Gerona. A su paso por Benicarló el camión en el que viajaban los grandes lienzos de Goya chocó con un balcón (otra versión de la historia dice que el balcón se derrumbó por un bombardeo), el impacto desgarró parte de los lienzos y La carga de los mamelucos sufrió una rotura del soporte textil en dos zonas, que posteriormente se perdieron durante el viaje.
Para solucionar este desaguisado los lienzos fueron restaurados en 1938, con escasos recursos Tomás Pérez y Manuel Arpe y Retamino realizaron un reentelado para garantizar la estabilidad de las obras. En Septiembre de 1939, ya en el Prado, Manuel Arpe finaliza la restauración de los dos lienzos, para reintegrar el color en las zonas perdidas utiliza la técnica conocida como tinta neutra, es decir, en toda la zona perdida se aplica un color liso, uniforme y que entone con el resto de la obra para así pasar desapercibido. El color elegido para esta reintegración fue un rojo oscuro casi marrón, que aunque estaba entonado con la obra, no pasaba desapercibido.
Así hemos podido contemplar el cuadro durante más de 50 años, hasta que en 2000 el Prado convoca un encuentro internacional para decidir si se debían de restaurar los cuadros y qué hacer con las partes perdidas, o como a los periodistas les gusta decir “heridas de guerra”.
En este encuentro internacional se acordó la limpieza de las obras, pero respecto a la reintegración de lo perdido no se consiguió unanimidad. Creo que lo que finalmente han hecho los restauradores del Prado, reintegrar lo perdido tomando como referencia fotografías anteriores al accidente, es lo correcto. Los desgarros eran la causa de una mala manipulación de los cuadros, aunque fuera durante la guerra. Conservarlas por su valor documental me parece una exageración, en este caso el arte y la estética se han sobrepuesto a la historia.
Se han encargado de esta última y modélica restauración Elisa Mora que durante un año ha trabajado en El 2 de mayo, y Enrique Quintana y Clara Quintanilla que durante cuatro meses han restaurado Los fusilamientos del 3 de mayo.
Según parece los cuadros se encontraban en un buen estado de conservación; se ha realizado una limpieza para eliminar los barnices oxidados, que amarilleaba los colores originales y en La carga de los mamelucos se ha reintegrado la pintura perdida, tomando como modelo antiguas fotografías. Se ha optado por una técnica que emplea pequeñas rayas rojas, verdes, azules… que se mezclan ópticamente al observar el cuadro desde una cierta distancia. Gracias a esta técnica es posible diferenciar la intervención de los restauradores del original de Goya. Finalmente se barnizaron los lienzos con una resina natural.
Pues solo nos queda pasarnos por el Prado, si las colas lo permiten, y disfrutar de estos dos cuadros.
La luz rasante es un sencillo método de examen para el análisis de las obras de arte. Es tan simple como situar un foco de luz de manera que ilumine la obra desde un ángulo lateral casi en paralelo con su superficie. Gracias a la luz rasante es posible apreciar detalles de la pieza que a simple vista pasaban desapercibidos. Algo parecido es lo que propone este blog. Poner de relieve y analizar de una forma sencilla temas relacionados con el arte el patrimonio, su conservación y su restauración.