Cuando la belleza duele. El síndrome de Stendhal
Escrito por Iván el Jueves, 24 de Abril del 2008 a las 00:05
Cuenta Stendhal en su libro Nápoles y Florencia: un viaje de Milán a Reggio que el 22 de enero de 1817 tras un largo día visitando Florencia, entró en la iglesia de la Santa Croce, allí un monje le abrió las puertas de la capilla Niccolini en la que se encuentran los frescos de Volterrano. “Absorto en la contemplación de aquella sublime belleza”, el escritor francés experimentó una emoción “en la que se mezclaban las sensaciones celestiales que proporcionan las bellas artes con los sentimientos propios de las pasiones“. Al salir a la calle, su corazón latía fuertemente y se sintió agotado. Asustado por su temor a caer al suelo se sentó en un banco, introdujo la mano en su bolsillo y sacó un papel con unos versos del poeta Foscolo que leyó para sentirse acompañado y calmarse.
Este episodio personal, dio origen al fenómeno que hoy se conoce como síndrome de Stendhal. Se trata de una crisis psicológica violenta que se produce en algunos turistas que visitan la ciudad del Arno. Al igual que al escritor, estos turistas presentan reacciones de hipersensibilidad y de sufrimiento físico frente a las obras de arte.
Parece que el síndrome se ceba en las personas sensibles y creativas, a los que una sobredosis de obras de arte tan impresionantes y potentes, acaba por hacer mella en el subconsciente.
Los creativos publicitarios de una conocida marca de automóviles utilizaron hace unos años la curiosa historia del síndrome Stendhal para hacer este anuncio:
Hay que reconocer que es bastante bueno, aunque de momento a mi me sigue impresionando más un paseo por Florencia , para donde me voy esta noche, que el coche. Rarito que es uno.
Comentarios (2)
Categoria: Cajón de restaurador
- Añadir este post a
- Del.icio.us -
- Meneame -
- Digg
Comentario de Teresa
Realizado el Viernes, 25 de Abril del 2008 a las 11:26
No es por desmitificar el tema (que también, no lo negaré) pero esa agitación, mareo y agotamiento que se puede llegar a sufrir observando arte, tiene más que ver con la presión que las cervicales ejercen sobre los nervios y músculos del cuello que con la belleza. Y es debida al hecho de estar largo tiempo mirando hacia lo alto en una postura estática. Esa sería la explicación a porque nadie sufre el mal de Stendhal visitando un Museo y sí en una iglesia con los techos decorados.
Aparte de lo agotador que resulta, física y mentalmente, querer ver todo el arte florentino o italiano. Hay que seleccionar.
Comentario de Iván
Realizado el Jueves, 1 de Mayo del 2008 a las 20:59
Teresa, tu explicación parece bastante convincente, aunque yo para seguir mitificando el tema utilizaré la frase con la que la doctora Paloma Merino termina el artículo sobre el mal de Stendhal que enlacé en la anotación: “Busca, viajero, aquello que te produce un síndrome de Stendhal, y si no lo encuentras plantéate si tus sentimientos no se encuentran aletargados”.