El retablo de San Benito de Valladolid
Escrito por Iván el Miércoles, 9 de Diciembre del 2009 a las 21:43

Hace unos meses abrió de nuevo sus puertas en Valladolid, tras más de nueve años de reformas, el museo anteriormente conocido como Nacional de Escultura, y que ahora han rebautizado como Colegio de San Gregorio. El museo expone en sus nuevas salas, antiguas piezas de una belleza sobrecogedora: basta con citar la Magdalena penitente de Juan de Mena o el Santo Entierro de Juan de Juni… Pero sin duda una de las estrellas del museo es el retablo de la iglesia de San Benito de Alonso Berruguete, y su nuevo montaje museográfico. Los que conocieron el museo de escultura antes de su reforma recordarán sus viejas salas de suelos crepitantes y paredes recubiertas de terciopelo, pero llenas de encanto, allí se exponía el desmembrado retablo que ideó y realizó el escultor castellano entre 1527 y 1532.
Según la información que podemos encontrar en la también renovada página web del museo, el retablo mayor de San Benito el Real “es la expresión de una decisión arriesgada en favor de soluciones que rompían con la tradición, con unas novedades transmutadas de los centros europeos de vanguardia, sin necesidad de intermediarios. El encargo a Alonso Berruguete, después de su regreso de Italia, lugar de peregrinación y de intercambio de artistas de todo el continente, pone en evidencia el interés de la comunidad benedictina de Valladolid por situarse en la órbita de los patrones renacentistas italianos. Las soluciones se hacen presentes en el desarrollo de la misma máquina, desde la originalidad quebrada de la planta monumental, al gigantesco remate avenerado.
Las peculiaridades formales y estilísticas de Berruguete le confieren un carácter de especial expresión personal en la disciplina escultórica, pero también pictórica según se puede contemplar en este mismo retablo, heredera del dramatismo medieval pero sumando las pautas estéticas acuñadas por el feliz redescubrimiento del mundo clásico. Esta combinación genial de vocabulario, que ya Berruguete había experimentado en su obra temprana de la Mejorada de Olmedo, y que se puede ejemplificar en la incorporación de ninfas y amorcillos al contenido ornamental del banco, se ahonda en el concepto general del gran conjunto de San Benito.
El diseño programático de la narración propuesta se articulará con la utilización de esculturas de bulto, relieves y pinturas, imbricadas en una estructura arquitectónica de llamativa presencia en el interior de un templo de características góticas, con naves elevadas y espaciosas, que se transformaba en renacentista por la propia acción del retablo. El estudio formal y la revisión iconográfica han proporcionado, en los últimos años, nuevas pautas para una lectura en clave que tiene en Italia su punto de partida, con la reinterpretación genial de Berruguete.
Los modelos empleados, tanto en la arquitectura como en el desarrollo escultórico y ornamental, remiten a la estancia de Berruguete en contacto con el mundo italiano de la Antigüedad, en perfecta simbiosis con la aportación de los grandes maestros con quienes convivió. La planta y el alzado del retablo hace mucho tiempo que se pusieron en relación con el Belvedere bramantesco, pero los estrechos vínculos con la cultura y las fuentes del momento todavía pueden perfilarse con mayor precisión. Los recuerdos de la Domus Aurea, a la hora de proponer modelos para el desarrollo de la gigantesca venera central, forman parte del conocimiento del vocabulario del pasado con el que el maestro estuvo documentalmente familiarizado.
Al mismo tiempo, el uso de repertorios ornamentales, como los utilizados en las pilastras del banco remedando la decoración de candelabros romanos, o tantos otros detalles, se funden con la emulación a veces literal, de los recursos que el propio Miguel Ángel había consagrado en el techo de la Capilla Sixtina, concluida durante la estancia romana de Berruguete. Resulta por otra parte singular que en el retablo de San Benito se produzca una suerte de hermanamiento tanto teórico como formal, con el concepto mismo de la Sixtina, interpretado en el caso vallisoletano a la medida de la orden benedictina y de su propia exaltación como cabeza de la Congregación de Castilla. Se diseñó aquí un programa erudito y monástico que obvió juegos comunicativos mucho más accesibles o populares, orientado especialmente hacia la comprensión de los monjes”
La historia del enorme retablo, de once calles verticales y dos grandes cuerpos horizontales que descansan sobre un banco, tiene un momento clave durante la desamortización. Para evitar la pérdida de la mazonería y las esculturas, se desmontaron y se trasladaron al Museo Provincial de Bellas Artes que se situaba en el Palacio de Santa Cruz de Valladolid, allí se expusieron de forma hacinada y utilizando los elementos de forma caprichosa y anárquica.
En 1881 el arquitecto Iturralde traza un dibujo con el alzado y la planta del retablo, que servirá de guía para que otro arquitecto, Constantino Candeira Pérez realizara entre 1933 y 1955 el montaje del retablo que se podía ver antes de la reforma del museo, además propuso una reconstrucción hipotética que plasmó en un lienzo el pintor Mariano Cossío.
Candeira agrupó parte de los elementos del retablo realizando la reconstrucción de las partes faltantes. Cabe destacar que los criterios que empleó fueron bastante similares a los que se han seguido hoy en día para el nuevo montaje; los elementos decorativos se reprodujeron con piezas de escayola realizadas mediante moldes y para las piezas con función estructural se recurrió a la madera de conífera.
Tras el desmontaje del retablo para acometer la rehabilitación del edificio las piezas fueron restauradas y estudiadas para localizar su ubicación en el conjunto, y se recuperaron piezas de los almacenes que se sabía pertenecían al retablo de San Benito. Fruto de estos trabajos es el nuevo montaje en el que se agrupan las piezas del retablo formando conjuntos de gran tamaño que nos dan una idea de las impresionantes dimensiones que debió de tener la obra. Estos trabajos los realizó la empresa Pátina S.L. y en este artículo se pueden encontrar más detalles sobre la intervención.
Uno de los grandes aciertos de las nuevas salas es que el retablo se ha montado sobre unas grandes estructuras portantes que lo sustentan a una cierta distancia de la pared, lo que permite contemplar el reverso del retablo y su sistema constructivo, algunas restauraciones, o las etiquetas que se pegaron en el reverso de la obra cada vez que una de las piezas fue prestada para una exposición temporal.
En la nueva recomposición las reconstrucciones de elementos decorativos se ha realizado por moldeo, pero empleando resina en vez de escayola como hizo Candeira. Por contra, si se han respetado muchas de las reconstrucciones en madera teñida que realizó el arquitecto, pero ha sido necesario incluir otras nuevas piezas para la reconstrucción de elementos estructurales, estas son también de madera teñida, pero se diferencian de las anteriores reconstrucciones por el tono de color empleado.
Sin duda la oportunidad de observar desde la proximidad del montaje expositivo el arrebato de unas actitudes exageradas, la inestabilidad y las asimetrías de unas figuras concebidas para poder apreciarse desde la distancia, se transforma en un extraño privilegio.
Comentarios (1)
Categoria: Castilla y León, Escultura, Intervenciones, Museos, Restauración, Retablos
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Comentario de Isidoro Coloma
Realizado el Domingo, 13 de Diciembre del 2009 a las 19:33
Amigo Iván: primero tenía que haber leído y después haberte escrito. Lo hago ahora por segunda vez y por este canal para felicitarte por este texto y por alguno que otro que he hojeado en este libro sin hojas que son las páginas web. Indicaré a mis alumnos de museología que aquí tienen una fuente de información de interés. Un abrazo.


