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	<title>Comentarios en: Formando Restauradores</title>
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		<item>
		<title>Por: New Kitsch</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-309</link>
		<dc:creator>New Kitsch</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Mar 2009 16:32:33 +0000</pubDate>
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		<description>NEW KITSCH 


Reflexionando sobre lo leído en la página luz rasante, me doy cuenta de que hay gente con un gusto mas que criticable, además de con muy poco respeto hacia el arte e historia. ¿Un escudo de fútbol?, ¿Un astronauta?, ¿Un teléfono móvil? ¿Esa es la firma que los restauradores de esta época quieren dejar para la posteridad? 


Si colocando estos motivos están intentando dejar plasmado en la obra, el momento en que fue realizada la intervención, ¿no sería más efectivo y menos notorio simplemente dejar la fecha, en la cual se puede hacer constar expresamente el año, o incluso el mes, día y hora? Me parece que una buena restauración arquitectónica debería ser notoria, pero de ahí ha introducir estos elementos decorativos, que nada tienen que ver con el estilo o época a la que pertenece el monumento, en los ciclos ornamentales originales,  hay un buen trecho. En mi opinión, es más una muestra de la vanidad de los arquitectos, que intentan dejar huella sin tener en cuenta las repercusiones que esto pueda traer. Por ejemplo, hace ya algún tiempo, miles de personas que tranquilas veían Cuarto Milenio en sus casas, quedaron maravilladas al descubrir por boca de Iker Jimenez,  que los antiguos canteros de la catedral de Salamanca habían esculpido un astronauta adelantándose así de esta manera al tiempo. Con este ejemplo, lo que se muestra es la frivolidad y superficialidad con la que estos monumentos, que dan nombre a nuestro patrimonio cultural son tratados.  


¿Hasta que punto es correcto que un restaurador coloque estos motivos en una obra historica? En pintura y escultura eso sería impensable, imaginemos que por un momento nos encontramos ante el David de Miguel Ángel y en vez de la onza, lo que lleva en su mano no es otra cosa que un Mp3 , o que estamos postrados ante el altar mayor de una iglesia, intentando unir nuestro pensamiento con el de díos, cuando la mirada se nos desvía hacia una zapatilla marca nike  que se encuentra en el retablo mayor. En estos casos la gente se echaría las manos a la cabeza, y el restaurador daría por finalizada su carrera profesional. ¿Por qué esto no ocurre en arquitectura? Quizás sea porque en este caso, la obra es de mayores dimensiones y el añadido queda mas disimulado, pero si lo que se trata es que no se vea y pase inadvertido, ¿porque no simplemente omitirlo?. No creo que al maestro cantero de ninguna época le agradara la idea de colocar estos motivos decorativos junto a sus originales, es más, estoy segura de que a Alois Riegel le daría un ataque al corazón si viera como la ornamentación clásica se tiene que enfrentar con estos nuevos motivos.  


Pienso que este tipo de decoración , quizás sea posible de añadir en obras de nueva creación, pero en un edificio histórico definitivamente se convierten en un toque extravagante, anecdótico y kitsch,  que atrae a una parte del público más interesada en jugar a encontrar y sacar fotos al astronauta, que en conocer la historia y arte del monumento, además que éste,  se ve  desvirtuado y trivializado. La gente al llegar a la catedral de Salamanca o a cualquiera de los monumentos que han recibido estos pastiches,  debería de pensar que se encuentra ante una obra colosal de gran valor y no en ver quien encuentra antes al astronauta o al escudo de futbol.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>NEW KITSCH </p>
<p>Reflexionando sobre lo leído en la página luz rasante, me doy cuenta de que hay gente con un gusto mas que criticable, además de con muy poco respeto hacia el arte e historia. ¿Un escudo de fútbol?, ¿Un astronauta?, ¿Un teléfono móvil? ¿Esa es la firma que los restauradores de esta época quieren dejar para la posteridad? </p>
<p>Si colocando estos motivos están intentando dejar plasmado en la obra, el momento en que fue realizada la intervención, ¿no sería más efectivo y menos notorio simplemente dejar la fecha, en la cual se puede hacer constar expresamente el año, o incluso el mes, día y hora? Me parece que una buena restauración arquitectónica debería ser notoria, pero de ahí ha introducir estos elementos decorativos, que nada tienen que ver con el estilo o época a la que pertenece el monumento, en los ciclos ornamentales originales,  hay un buen trecho. En mi opinión, es más una muestra de la vanidad de los arquitectos, que intentan dejar huella sin tener en cuenta las repercusiones que esto pueda traer. Por ejemplo, hace ya algún tiempo, miles de personas que tranquilas veían Cuarto Milenio en sus casas, quedaron maravilladas al descubrir por boca de Iker Jimenez,  que los antiguos canteros de la catedral de Salamanca habían esculpido un astronauta adelantándose así de esta manera al tiempo. Con este ejemplo, lo que se muestra es la frivolidad y superficialidad con la que estos monumentos, que dan nombre a nuestro patrimonio cultural son tratados.  </p>
<p>¿Hasta que punto es correcto que un restaurador coloque estos motivos en una obra historica? En pintura y escultura eso sería impensable, imaginemos que por un momento nos encontramos ante el David de Miguel Ángel y en vez de la onza, lo que lleva en su mano no es otra cosa que un Mp3 , o que estamos postrados ante el altar mayor de una iglesia, intentando unir nuestro pensamiento con el de díos, cuando la mirada se nos desvía hacia una zapatilla marca nike  que se encuentra en el retablo mayor. En estos casos la gente se echaría las manos a la cabeza, y el restaurador daría por finalizada su carrera profesional. ¿Por qué esto no ocurre en arquitectura? Quizás sea porque en este caso, la obra es de mayores dimensiones y el añadido queda mas disimulado, pero si lo que se trata es que no se vea y pase inadvertido, ¿porque no simplemente omitirlo?. No creo que al maestro cantero de ninguna época le agradara la idea de colocar estos motivos decorativos junto a sus originales, es más, estoy segura de que a Alois Riegel le daría un ataque al corazón si viera como la ornamentación clásica se tiene que enfrentar con estos nuevos motivos.  </p>
<p>Pienso que este tipo de decoración , quizás sea posible de añadir en obras de nueva creación, pero en un edificio histórico definitivamente se convierten en un toque extravagante, anecdótico y kitsch,  que atrae a una parte del público más interesada en jugar a encontrar y sacar fotos al astronauta, que en conocer la historia y arte del monumento, además que éste,  se ve  desvirtuado y trivializado. La gente al llegar a la catedral de Salamanca o a cualquiera de los monumentos que han recibido estos pastiches,  debería de pensar que se encuentra ante una obra colosal de gran valor y no en ver quien encuentra antes al astronauta o al escudo de futbol.</p>
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	<item>
		<title>Por: Sara Galiana</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-308</link>
		<dc:creator>Sara Galiana</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Mar 2009 16:31:29 +0000</pubDate>
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		<description>-La firma del arquitecto “restaurador”- 
 
La idea que se me viene a la cabeza después de haber leído el comentario de Iván, es que si a lo largo de los años, cada faltante de elemento arquitectónico se repusiera con un elemento contemporáneo como es el caso del astronauta que se cita, entonces, en un futuro, ¿todos los elementos antiguos se irían reemplazando, perdiéndose la idea y concepto original de la obra? Es decir, ¿tendríamos una portada de iglesia con el equipo entero de la Nasa? Lo mismo ocurre con el escudo del equipo de fútbol, estamos hablando de restaurar edificios históricos, que merecen intervenciones bastante más respetuosas, aunque claro está, esto es solo mi opinión, pero seguramente a nadie se le ocurriría pintar el escudo del Real Madrid en una pintura del siglo XV.

      Tampoco me parece correcto lo del teléfono móvil, ¿cambia algo el hecho de que ponga la fecha de la restauración debajo?, se trata de integrar una parte que se ha perdido en un edificio, ¿no debería esa parte integrada guardar relación con el original? ¿Donde está la sensibilidad, el entendimiento, el aprecio y el respeto hacia el arte? Desde luego que el que se atreve a tallar un teléfono móvil en un edificio renacentista, a mi parecer, tiene bien poco de artista, o bueno, mejor dicho, de arquitecto “restaurador”…

Por supuesto, no significa que esté de acuerdo en crear falsos históricos que puedan confundir a la gente sobre su cronología, pero pienso que hay otras maneras de reintegrar las figuras de un modo que estas sean reconocibles, ya que no se pretende engañar a nadie y debe diferenciarse de alguna manera del original. Una cosa es crear un falso histórico y otra muy diferente que sea la parte restaurada la que más destaque.

Además, en mi opinión, añadiendo estos elementos de este modo tan llamativo lo que se consigue es que el espectador fije más su atención en ellos, cuando no debería ser así, sino que debería pasar desapercibido en conjunto con el resto de los elementos arquitectónicos, pues lo que se pretende es dar estabilidad y unidad visual a la obra.

Lo mismo ocurre en la pintura, cuando se lleva a cabo la reintegración cromática de los faltantes de una pintura, siempre se intenta que la laguna pase desapercibida pero las técnicas que se utilizan, como es el tratteggio,  sirven precisamente para que cuando el espectador se acerque a observar la obra, pueda distinguir el original de la parte reintegrada. De este modo, no se crea una falsificación, y se consigue dar la unidad visual a la obra, y eso es lo que se pretende. 

Sobre la falsificación, el teórico de la restauración Paul Philippot dice que cada monumento es único históricamente, y que no se puede repetir sin ser falsificado. Así que, como ya  he dicho antes, si hay que  llevar a cabo la integración de una parte de un edificio, esta intervención debe ser completamente reconocible, pero por supuesto, también tiene que integrarse visualmente con el edificio y el resto de monumentos o elementos que lo rodeen, esto quiere decir, que no debería resaltar o llamar la atención y ser totalmente respetuoso. Para que una intervención sea reconocible se puede realizar de muchas maneras, como por ejemplo, fechar los nuevos elementos, se pueden utilizar materiales diferentes pero compatibles con el original, o se puede utilizar el mismo material pero dándole un acabado diferente. También en ocasiones se realiza por el  contorno de toda la intervención una señal que limite y separe la parte original de la integrada, con diferentes materiales.

En fin, lo que para mi queda claro es que en monumentos antiguos debería evitarse la combinación de elementos anacrónicos y materiales distintos en las partes que sean intervenidas, ya que puede llegar a ser ofensivo y demasiado llamativo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>-La firma del arquitecto “restaurador”- </p>
<p>La idea que se me viene a la cabeza después de haber leído el comentario de Iván, es que si a lo largo de los años, cada faltante de elemento arquitectónico se repusiera con un elemento contemporáneo como es el caso del astronauta que se cita, entonces, en un futuro, ¿todos los elementos antiguos se irían reemplazando, perdiéndose la idea y concepto original de la obra? Es decir, ¿tendríamos una portada de iglesia con el equipo entero de la Nasa? Lo mismo ocurre con el escudo del equipo de fútbol, estamos hablando de restaurar edificios históricos, que merecen intervenciones bastante más respetuosas, aunque claro está, esto es solo mi opinión, pero seguramente a nadie se le ocurriría pintar el escudo del Real Madrid en una pintura del siglo XV.</p>
<p>      Tampoco me parece correcto lo del teléfono móvil, ¿cambia algo el hecho de que ponga la fecha de la restauración debajo?, se trata de integrar una parte que se ha perdido en un edificio, ¿no debería esa parte integrada guardar relación con el original? ¿Donde está la sensibilidad, el entendimiento, el aprecio y el respeto hacia el arte? Desde luego que el que se atreve a tallar un teléfono móvil en un edificio renacentista, a mi parecer, tiene bien poco de artista, o bueno, mejor dicho, de arquitecto “restaurador”…</p>
<p>Por supuesto, no significa que esté de acuerdo en crear falsos históricos que puedan confundir a la gente sobre su cronología, pero pienso que hay otras maneras de reintegrar las figuras de un modo que estas sean reconocibles, ya que no se pretende engañar a nadie y debe diferenciarse de alguna manera del original. Una cosa es crear un falso histórico y otra muy diferente que sea la parte restaurada la que más destaque.</p>
<p>Además, en mi opinión, añadiendo estos elementos de este modo tan llamativo lo que se consigue es que el espectador fije más su atención en ellos, cuando no debería ser así, sino que debería pasar desapercibido en conjunto con el resto de los elementos arquitectónicos, pues lo que se pretende es dar estabilidad y unidad visual a la obra.</p>
<p>Lo mismo ocurre en la pintura, cuando se lleva a cabo la reintegración cromática de los faltantes de una pintura, siempre se intenta que la laguna pase desapercibida pero las técnicas que se utilizan, como es el tratteggio,  sirven precisamente para que cuando el espectador se acerque a observar la obra, pueda distinguir el original de la parte reintegrada. De este modo, no se crea una falsificación, y se consigue dar la unidad visual a la obra, y eso es lo que se pretende. </p>
<p>Sobre la falsificación, el teórico de la restauración Paul Philippot dice que cada monumento es único históricamente, y que no se puede repetir sin ser falsificado. Así que, como ya  he dicho antes, si hay que  llevar a cabo la integración de una parte de un edificio, esta intervención debe ser completamente reconocible, pero por supuesto, también tiene que integrarse visualmente con el edificio y el resto de monumentos o elementos que lo rodeen, esto quiere decir, que no debería resaltar o llamar la atención y ser totalmente respetuoso. Para que una intervención sea reconocible se puede realizar de muchas maneras, como por ejemplo, fechar los nuevos elementos, se pueden utilizar materiales diferentes pero compatibles con el original, o se puede utilizar el mismo material pero dándole un acabado diferente. También en ocasiones se realiza por el  contorno de toda la intervención una señal que limite y separe la parte original de la integrada, con diferentes materiales.</p>
<p>En fin, lo que para mi queda claro es que en monumentos antiguos debería evitarse la combinación de elementos anacrónicos y materiales distintos en las partes que sean intervenidas, ya que puede llegar a ser ofensivo y demasiado llamativo.</p>
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	<item>
		<title>Por: Marta Zuriaga</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-307</link>
		<dc:creator>Marta Zuriaga</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2009 17:55:25 +0000</pubDate>
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		<description>Los arquitectos creativos 


Para empezar me gustaría citar a Gianluigi Colalucci en uno de sus artículos llamado la creatividad en la restauración donde él la define como: el estudio y la realización de soluciones estéticas completamente nuevas que se introduzcan con discreción, respeto y sin traumas en el cuerpo de la obra original, aportando una misma autonomía formal y de calidad. 

Un móvil, un astronauta, el escudo de un equipo de futbol…parece que esto es lo último en restauración, unos recursos de los mas graciosos para diferenciar lo original de lo añadido. Lo del respeto por el original ni lo menciono, sería una pérdida de tiempo viendo el panorama. 

Creo que el tema es más bien que hacer con el egocentrismo de algunos restauradores/arquitectos. Siento mucho que a estos profesionales solos los contraten para trabajos tan aburridos como restaurar fachadas de iglesias centenarias, debe ser muy frustrante llevar un pequeño genio dentro de ti y que la sociedad, o peor, ese grupito de restauradores seguidores de Brandi vengan a cortarte las alas hablándote de ética, de principios y de unas cuantas chorradas mas.  

Yo les comprendo, debe ser de lo más satisfactorio ver como un grupito de turistas despistados llegan a esa fachada restaurada por ti y en lugar de hablar de historia, o de la calidad artística de este edificio, se dediquen a buscar tus muñequitos como si estuviesen jugando a las adivinanzas. Esto favorece al turismo, desde luego, fomenta que los que vienen de fuera se interesen por monumentos tan aburridos como iglesias, castillos, etc.; es más, yo creo que para acercar estos fríos y aburridos lugares históricos a estos turistas, deberíamos instalar un McDonal’s en alguna capilla, así no solo se quedan en la puerta, seguro que entran y todo. 

Os estaréis preguntando que qué pasa con esa minoría de personas que prefieren lo real a lo gracioso, lo autentico aunque peque de previsible por ser propio de una época o de un estilo, pues esa minoría que se aguante,  que aprenda a tener sentido del humor, a no ser tan rigurosos, que se conformen con su propia imaginación, la que van a atener que usar cada vez que su mirada tope con un astronauta, que la vayan ejercitando, por que la creatividad ha llegado a la restauración, y si no te gusta lo que ves, te compras una postal antigua, o miras el edificio desde lejos, que así, hasta da el pego.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Los arquitectos creativos </p>
<p>Para empezar me gustaría citar a Gianluigi Colalucci en uno de sus artículos llamado la creatividad en la restauración donde él la define como: el estudio y la realización de soluciones estéticas completamente nuevas que se introduzcan con discreción, respeto y sin traumas en el cuerpo de la obra original, aportando una misma autonomía formal y de calidad. </p>
<p>Un móvil, un astronauta, el escudo de un equipo de futbol…parece que esto es lo último en restauración, unos recursos de los mas graciosos para diferenciar lo original de lo añadido. Lo del respeto por el original ni lo menciono, sería una pérdida de tiempo viendo el panorama. </p>
<p>Creo que el tema es más bien que hacer con el egocentrismo de algunos restauradores/arquitectos. Siento mucho que a estos profesionales solos los contraten para trabajos tan aburridos como restaurar fachadas de iglesias centenarias, debe ser muy frustrante llevar un pequeño genio dentro de ti y que la sociedad, o peor, ese grupito de restauradores seguidores de Brandi vengan a cortarte las alas hablándote de ética, de principios y de unas cuantas chorradas mas.  </p>
<p>Yo les comprendo, debe ser de lo más satisfactorio ver como un grupito de turistas despistados llegan a esa fachada restaurada por ti y en lugar de hablar de historia, o de la calidad artística de este edificio, se dediquen a buscar tus muñequitos como si estuviesen jugando a las adivinanzas. Esto favorece al turismo, desde luego, fomenta que los que vienen de fuera se interesen por monumentos tan aburridos como iglesias, castillos, etc.; es más, yo creo que para acercar estos fríos y aburridos lugares históricos a estos turistas, deberíamos instalar un McDonal’s en alguna capilla, así no solo se quedan en la puerta, seguro que entran y todo. </p>
<p>Os estaréis preguntando que qué pasa con esa minoría de personas que prefieren lo real a lo gracioso, lo autentico aunque peque de previsible por ser propio de una época o de un estilo, pues esa minoría que se aguante,  que aprenda a tener sentido del humor, a no ser tan rigurosos, que se conformen con su propia imaginación, la que van a atener que usar cada vez que su mirada tope con un astronauta, que la vayan ejercitando, por que la creatividad ha llegado a la restauración, y si no te gusta lo que ves, te compras una postal antigua, o miras el edificio desde lejos, que así, hasta da el pego.</p>
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	<item>
		<title>Por: Anacronismos...</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-306</link>
		<dc:creator>Anacronismos...</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2009 17:52:58 +0000</pubDate>
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		<description>Después de leer el artículo de Iván López Rodríguez sobre los anacronismos en restauración arquitectónica, me viene una tímida sonrisa a la boca y una frase a mi cabeza, que aunque un tanto modificada, venía a decir algo así como… “están locos estos restauradores-arquitectos”.  

Si os soy sincera, solamente conocía el caso del astronauta como anacronismo arquitectónico, claro, ignorante de mí, pensaba que la introducción de este tipo de elementos en una restauración resultaba tan descabellada que un solo ejemplo bastaba para descartar su repetición en el futuro, pero cual ha sido mi sorpresa, cuando resulta que este proceder tiene antecedentes, e incluso, defensores. 

En mi corto periodo como restauradora y en las asignaturas que tuve referentes a conservación en la licenciatura de Historia del Arte, la idea que más hondo ha calado en mí ha sido la del respeto absoluto al original, realizar la mínima intervención posible  y por tanto, ser consecuentes con los métodos llevados a cabo. Es por eso que no entiendo este tipo de actuaciones anacrónicas que buscan más la popularidad de su artífice que una correcta restauración. Sus defensores alegan que es un modo de fechar la intervención, además de un método para diferenciar la parte original del añadido, pero ¿acaso no basta para ello la marca del cantero con la fecha de la actuación? Si a la hora de restaurar el tímpano de una portada o los capiteles de una columna, nos encontramos con que hay una total ausencia de elementos, ¿no sería más correcto dejarlo todo tal cual está o sustituir los faltantes por réplicas geométricas? Porque, si volvemos al tema que tratábamos la semana pasada, sobre respetar la idea original del artista, no creo que al Maestro Mateo le gustara ver esculpido en el Tímpano del Pórtico de la Gloria a Mazinger Z portando  la corona de espinas de Cristo. Además, a todo esto se une el hecho de que al introducir  este tipo de elementos el turista se ve llamado por ellos, perdiendo todo tipo de interés por el conjunto y centrando su atención en estas pequeñas incongruencias que nada tienen que ver con la obra original, y que distorsionan la visión de conjunto de manera alarmante. Y justamente esto es lo contrario de lo que se persigue con una buena restauración.  

Un buen restaurador nunca puede dejar su huella en una obra en la que ha trabajado, no puede introducir elementos nuevos  ni de su gusto, porque entonces, estará alterando el original para siempre. Por tanto, hemos de ser cautos y respetuosos en nuestro trabajo y nunca, bajo ningún concepto dejar constancia de nuestra intervención, porque ahí esta la clave de un trabajo bien hecho.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Después de leer el artículo de Iván López Rodríguez sobre los anacronismos en restauración arquitectónica, me viene una tímida sonrisa a la boca y una frase a mi cabeza, que aunque un tanto modificada, venía a decir algo así como… “están locos estos restauradores-arquitectos”.  </p>
<p>Si os soy sincera, solamente conocía el caso del astronauta como anacronismo arquitectónico, claro, ignorante de mí, pensaba que la introducción de este tipo de elementos en una restauración resultaba tan descabellada que un solo ejemplo bastaba para descartar su repetición en el futuro, pero cual ha sido mi sorpresa, cuando resulta que este proceder tiene antecedentes, e incluso, defensores. </p>
<p>En mi corto periodo como restauradora y en las asignaturas que tuve referentes a conservación en la licenciatura de Historia del Arte, la idea que más hondo ha calado en mí ha sido la del respeto absoluto al original, realizar la mínima intervención posible  y por tanto, ser consecuentes con los métodos llevados a cabo. Es por eso que no entiendo este tipo de actuaciones anacrónicas que buscan más la popularidad de su artífice que una correcta restauración. Sus defensores alegan que es un modo de fechar la intervención, además de un método para diferenciar la parte original del añadido, pero ¿acaso no basta para ello la marca del cantero con la fecha de la actuación? Si a la hora de restaurar el tímpano de una portada o los capiteles de una columna, nos encontramos con que hay una total ausencia de elementos, ¿no sería más correcto dejarlo todo tal cual está o sustituir los faltantes por réplicas geométricas? Porque, si volvemos al tema que tratábamos la semana pasada, sobre respetar la idea original del artista, no creo que al Maestro Mateo le gustara ver esculpido en el Tímpano del Pórtico de la Gloria a Mazinger Z portando  la corona de espinas de Cristo. Además, a todo esto se une el hecho de que al introducir  este tipo de elementos el turista se ve llamado por ellos, perdiendo todo tipo de interés por el conjunto y centrando su atención en estas pequeñas incongruencias que nada tienen que ver con la obra original, y que distorsionan la visión de conjunto de manera alarmante. Y justamente esto es lo contrario de lo que se persigue con una buena restauración.  </p>
<p>Un buen restaurador nunca puede dejar su huella en una obra en la que ha trabajado, no puede introducir elementos nuevos  ni de su gusto, porque entonces, estará alterando el original para siempre. Por tanto, hemos de ser cautos y respetuosos en nuestro trabajo y nunca, bajo ningún concepto dejar constancia de nuestra intervención, porque ahí esta la clave de un trabajo bien hecho.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Antonio Marrero</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-301</link>
		<dc:creator>Antonio Marrero</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2009 12:09:55 +0000</pubDate>
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		<description>Cuando el 20 de Julio de 1969, Neil Armstrong puso un pie en la Luna, dejándonos una de las frases que ha pasado a los Annales de la historia como una de las más repetidas “Este es un pequeño paso para un hombre, pedro un gran salto para la humanidad”, lo que nunca pensó es que, 23 años después, competiría en popularidad con una rana en la fachada de una universidad española por obra y gracia de un restaurador. Ante esta imagen, sólo soy capaz de articular una frase capaz de resumir mi opinión y que puso de moda una folclórica, “¡¿Pero qué invento es este?!”.

Gárgolas que inmortalizan a los visitantes, móviles de sonidos pétreos, escudos deportivos enarbolados en una arquivolta, astronautas que flotan en una fachada,…, todas son diferentes licencias tomadas por un restaurador, pero ¿hasta que punto no dejan de ser ilícitas estas intervenciones? Supongo que, bajo la premisa de que en arquitectura es menos detectable, el encargado de sanear la obra da rienda a su espíritu creativo y se permite el lujo de añadir elementos q no “casan” con la decoración circundante, pero que se apoya en el pretexto de que, de esa manera, queda patente que esa obra ha sido objeto de una restauración.

Ahora bien, ¿porqué sólo arquitectura? ¿Porqué no también en pinturas o esculturas? Y sino queremos que se note, pues actúamos al amparo de lo grandes formatos, como por ejemplo, los frescos renacentistas de una bóveda, del estilo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Podríamos hablar con Colalucci y allí donde hay un “ignudi” que coloque un Ferrari.

Deberíamos partir de la base de que se han confundido funciones, el restaurador no crea, conserva. Un cuadro a restaurar no es un lienzo en blanco sobre el que crear y lo mismo en arquitectura. Una buena restauración pasa por el respeto de los elementos que componen la obra y la lectura que estos ofrecen al espectador, los elementos añadidos que no se corresponden con el original, rompen la armonía del conjunto y suponen un falseado de la obra, son una falacia hacia el visitante.

No puedo evitar cuestionarme, ¿realmente el monumento necesita “alicientes” para atraer visitas? ¿Es necesario un personaje nuevo en “Las Meninas” que dé un significado alternativo a la obra, que aporte una renovada lectura? Porque es evidente que esto es lo que ha ocurrido en los diferentes lugares donde los restauradores han decidido hacer gala de su genialidad. El elemento añadido cobra mayor importancia que el original, quedando este relegado a un deshonroso segundo puesto.

Extrapolemos estos hechos a los grandes espacios urbanos. Si los añadidos de corte contemporáneo están permitidos en cualquier contexto que sea objeto de ser considerado patrimonio y se ejecuta un plan director de restauración de un conjunto monumental histórico, ¿podríamos justificar el edificio de Moneo en la plaza de la Catedral de la ciudad de Murcia? No tendría cabida en ningún caso el revuelo, es sólo un añadido cuya función podría ser funcionar como reclamo para el turista.

Como historiador del arte y futuro restaurador no puedo más que considerar todos estos hechos una inmoralidad y una burla hacia el ciudadano de a pie, el auténtico poseedor de este patrimonio que con tanta ligereza se “restaura”. Dar cabida a añadidos y florituras nacidos de la mente de un “iluminado” en los trabajos de restauración, abre la veda a la reinterpretación en futuras intervenciones y podríamos volver a hablar de teorías en la línea de Ruskin y Viollet-le-Duc, las cuales creíamos olvidadas, y que aquellos que las conocemos y que sabemos lo que hicieron padecer, preferimos no tener que volver a recordar.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando el 20 de Julio de 1969, Neil Armstrong puso un pie en la Luna, dejándonos una de las frases que ha pasado a los Annales de la historia como una de las más repetidas “Este es un pequeño paso para un hombre, pedro un gran salto para la humanidad”, lo que nunca pensó es que, 23 años después, competiría en popularidad con una rana en la fachada de una universidad española por obra y gracia de un restaurador. Ante esta imagen, sólo soy capaz de articular una frase capaz de resumir mi opinión y que puso de moda una folclórica, “¡¿Pero qué invento es este?!”.</p>
<p>Gárgolas que inmortalizan a los visitantes, móviles de sonidos pétreos, escudos deportivos enarbolados en una arquivolta, astronautas que flotan en una fachada,…, todas son diferentes licencias tomadas por un restaurador, pero ¿hasta que punto no dejan de ser ilícitas estas intervenciones? Supongo que, bajo la premisa de que en arquitectura es menos detectable, el encargado de sanear la obra da rienda a su espíritu creativo y se permite el lujo de añadir elementos q no “casan” con la decoración circundante, pero que se apoya en el pretexto de que, de esa manera, queda patente que esa obra ha sido objeto de una restauración.</p>
<p>Ahora bien, ¿porqué sólo arquitectura? ¿Porqué no también en pinturas o esculturas? Y sino queremos que se note, pues actúamos al amparo de lo grandes formatos, como por ejemplo, los frescos renacentistas de una bóveda, del estilo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Podríamos hablar con Colalucci y allí donde hay un “ignudi” que coloque un Ferrari.</p>
<p>Deberíamos partir de la base de que se han confundido funciones, el restaurador no crea, conserva. Un cuadro a restaurar no es un lienzo en blanco sobre el que crear y lo mismo en arquitectura. Una buena restauración pasa por el respeto de los elementos que componen la obra y la lectura que estos ofrecen al espectador, los elementos añadidos que no se corresponden con el original, rompen la armonía del conjunto y suponen un falseado de la obra, son una falacia hacia el visitante.</p>
<p>No puedo evitar cuestionarme, ¿realmente el monumento necesita “alicientes” para atraer visitas? ¿Es necesario un personaje nuevo en “Las Meninas” que dé un significado alternativo a la obra, que aporte una renovada lectura? Porque es evidente que esto es lo que ha ocurrido en los diferentes lugares donde los restauradores han decidido hacer gala de su genialidad. El elemento añadido cobra mayor importancia que el original, quedando este relegado a un deshonroso segundo puesto.</p>
<p>Extrapolemos estos hechos a los grandes espacios urbanos. Si los añadidos de corte contemporáneo están permitidos en cualquier contexto que sea objeto de ser considerado patrimonio y se ejecuta un plan director de restauración de un conjunto monumental histórico, ¿podríamos justificar el edificio de Moneo en la plaza de la Catedral de la ciudad de Murcia? No tendría cabida en ningún caso el revuelo, es sólo un añadido cuya función podría ser funcionar como reclamo para el turista.</p>
<p>Como historiador del arte y futuro restaurador no puedo más que considerar todos estos hechos una inmoralidad y una burla hacia el ciudadano de a pie, el auténtico poseedor de este patrimonio que con tanta ligereza se “restaura”. Dar cabida a añadidos y florituras nacidos de la mente de un “iluminado” en los trabajos de restauración, abre la veda a la reinterpretación en futuras intervenciones y podríamos volver a hablar de teorías en la línea de Ruskin y Viollet-le-Duc, las cuales creíamos olvidadas, y que aquellos que las conocemos y que sabemos lo que hicieron padecer, preferimos no tener que volver a recordar.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Arabella León Muñoz</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-300</link>
		<dc:creator>Arabella León Muñoz</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2009 12:08:07 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.luzrasante.com/?p=267#comment-300</guid>
		<description>TRADUTTORE TRADITTORE 

La inclusión de elementos anacrónicos en el patrimonio arquitectónico es el debate que se presenta. Para el autor “en ocasiones son fruto de un exceso de libertad por parte del cantero que trabajó en la restauración”.

No es lo mismo una restauración que una reconstrucción. Ni siquiera todas las restauraciones o reconstrucciones son iguales en tanto que podemos restaurar la jamba de una portada introduciendo elementos nuevos o podemos reconstruir un claustro a partir de dos arcos. En ambos casos la intrusión existiría pero hay consenso si la reconstrucción es con elementos vacíos de significado   (piedras lisas, capiteles toscos...) Es un convencionalismo aceptado el hecho de diferenciar las intervenciones actuales, pero hay una gran distancia entre marcar la diferencia de las reconstrucciones y hacer patente la cronología de la intervención. En pintura nos parece inapropiado que un restaurador haya dejado su firma tras su intervención, a pesar de que ésta haya sido hace más de un siglo, pero si la restauración  la hubiera hecho  un tal Da Vinci las voces que se alzarían en contra no serían las mismas. Si el claustro lo reconstruye o lo destruye Alberti o Brunelleschi no hablaríamos de atentados o de “juegos”, pero si la reconstrucción es Romántica da igual quién fuera el arquitecto porque a tan solo dos siglos no nos valdría, en este caso no serían como en pintura abatares del tiempo sino intrusiones.

Es cierto que pintura y arquitectura no son la misma cosa. En pintura no es concebible la posibilidad de introducir en un faltante un elemento anacrónico. ¿Cuál es la diferencia? ¿es quizás el anonimato de la obra arquitectónica la que da esta posibilidad? ¿es el dinero invertido que debe hacerse visible? o ¿es simplemente perpetuar la obra?. El anonimato debe ser entendido no sólo como desconocimiento del arquitecto sino también como obra coral, en la que interviniero tanto un ideólogo-arquitecto como artesanos y operarios de toda índole. En el caso de la pintura pasar a formar parte de los fondos de un museo es suficiente para detener su deterioro, en el caso de la arquitectura un ejemplo podría ser la Cartuja de Ara Chriti (Altura) que después de ser “mantenida” está completamente abandonada sin uso y en la miseria. Se exige que la intervención-inversión tenga ganancias y para ello es imprescindible la utilidad a posteriori.

A nadie le parecen mal las restauraciones, tenemos obsesión por la atemporalidad pero tan solo conseguimos ponerle freno al tiempo. Los museos dejan las obras en standby, pero en le caso de la arquitectura la única manera de conseguir la detención del tiempo es mantener la obra con el fin de darle utilidad. Ahora bien, los restauradores-arquitectos son los que tienen los criterios para hacerlo sin ningún código deontológico claro, que da paso a interpretar exceso o excentricidades en aquello que pretende ser la datación de una restauración. Es absurdo escudar estos anacronismos con la pretendida utilidad de indicar una fecha, para ello existen lo informes y no es la fama del restaurador la que se busca, sino la curación del bien por encima de todo. Los restauradores somos sólo artesanos, científicos o técnicos que deberían buscar la preservación de la obra y no satisfacer  el ego. ¿Dónde están los límites? están en la diferencia entre restauración y  reconstrucción. La restauración debe ser ajustada a lo que hay pero en el momento que se hace una reconstrucción las cosas cambian, son nuevas de planta y pueden en vez de fingirse añadirse anacronismos que deben no distorsionar el conjunto. Es sencillo, en pintura un faltante no es importante estructuralmente, que falte un putto en una Ascensión no nos crea la necesidad de reconstruirlo, pero si nos falta una fachada, un arco o simplemente un dintel, necesitamos hacerlo. Entonces si lo hacemos nuevo ¿por qué no podemos ser originales o formar parte de la historia del edificio?  En este punto se podría defender fácilmente la intervención creativa. ¿Nos parecería mejor la reconstrucción creativa si en vez de un astronauta fuera un motivo floral? Creo que en este caso el escándalo es que sea un teléfono móvil o un astronauta y no es escandaloso el hecho de introducir elementos ajenos a la obra. Quizás el problema sea el miedo o la devaluación de la cultura occidental, asusta la impronta que podamos dejar, somos autodestructivos y nos negamos continuamente olvidando que todo es efímero y que si está ahí aún es sólo porque así lo decidimos. 

Traduttore tradittore toda intervención o interpretación de una obra es un atentado contra la misma. Creo que la introducción de anacronismos en faltantes puntuales no es importante siempre y cuando el motivo no distorsione el conjunto, es absurdo que la Catedral de Burgos fuera recordada por una mera introducción arquitectónica contemporánea, olvidando la majestuosidad del gótico, o la obra de ingeniería, por eso si el motivo de dicha introducción es satisfacer un ego o justificarlo con la intención de datar me parece superfluo, en cambio si se hace con el objetivo de mostrar el lugar donde iría una pieza faltante clave para la distribución o conjunto, la cosa cambia. El motivo no es importante porque la reposición o la inventiva con un tipo menos polémico sería igual de dañino sólo que el público no jugaría a buscarlo. De este último caso está llena la historia de la restauración, de elementos que no distorsionan y son tan falsos como el móvil.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>TRADUTTORE TRADITTORE </p>
<p>La inclusión de elementos anacrónicos en el patrimonio arquitectónico es el debate que se presenta. Para el autor “en ocasiones son fruto de un exceso de libertad por parte del cantero que trabajó en la restauración”.</p>
<p>No es lo mismo una restauración que una reconstrucción. Ni siquiera todas las restauraciones o reconstrucciones son iguales en tanto que podemos restaurar la jamba de una portada introduciendo elementos nuevos o podemos reconstruir un claustro a partir de dos arcos. En ambos casos la intrusión existiría pero hay consenso si la reconstrucción es con elementos vacíos de significado   (piedras lisas, capiteles toscos&#8230;) Es un convencionalismo aceptado el hecho de diferenciar las intervenciones actuales, pero hay una gran distancia entre marcar la diferencia de las reconstrucciones y hacer patente la cronología de la intervención. En pintura nos parece inapropiado que un restaurador haya dejado su firma tras su intervención, a pesar de que ésta haya sido hace más de un siglo, pero si la restauración  la hubiera hecho  un tal Da Vinci las voces que se alzarían en contra no serían las mismas. Si el claustro lo reconstruye o lo destruye Alberti o Brunelleschi no hablaríamos de atentados o de “juegos”, pero si la reconstrucción es Romántica da igual quién fuera el arquitecto porque a tan solo dos siglos no nos valdría, en este caso no serían como en pintura abatares del tiempo sino intrusiones.</p>
<p>Es cierto que pintura y arquitectura no son la misma cosa. En pintura no es concebible la posibilidad de introducir en un faltante un elemento anacrónico. ¿Cuál es la diferencia? ¿es quizás el anonimato de la obra arquitectónica la que da esta posibilidad? ¿es el dinero invertido que debe hacerse visible? o ¿es simplemente perpetuar la obra?. El anonimato debe ser entendido no sólo como desconocimiento del arquitecto sino también como obra coral, en la que interviniero tanto un ideólogo-arquitecto como artesanos y operarios de toda índole. En el caso de la pintura pasar a formar parte de los fondos de un museo es suficiente para detener su deterioro, en el caso de la arquitectura un ejemplo podría ser la Cartuja de Ara Chriti (Altura) que después de ser “mantenida” está completamente abandonada sin uso y en la miseria. Se exige que la intervención-inversión tenga ganancias y para ello es imprescindible la utilidad a posteriori.</p>
<p>A nadie le parecen mal las restauraciones, tenemos obsesión por la atemporalidad pero tan solo conseguimos ponerle freno al tiempo. Los museos dejan las obras en standby, pero en le caso de la arquitectura la única manera de conseguir la detención del tiempo es mantener la obra con el fin de darle utilidad. Ahora bien, los restauradores-arquitectos son los que tienen los criterios para hacerlo sin ningún código deontológico claro, que da paso a interpretar exceso o excentricidades en aquello que pretende ser la datación de una restauración. Es absurdo escudar estos anacronismos con la pretendida utilidad de indicar una fecha, para ello existen lo informes y no es la fama del restaurador la que se busca, sino la curación del bien por encima de todo. Los restauradores somos sólo artesanos, científicos o técnicos que deberían buscar la preservación de la obra y no satisfacer  el ego. ¿Dónde están los límites? están en la diferencia entre restauración y  reconstrucción. La restauración debe ser ajustada a lo que hay pero en el momento que se hace una reconstrucción las cosas cambian, son nuevas de planta y pueden en vez de fingirse añadirse anacronismos que deben no distorsionar el conjunto. Es sencillo, en pintura un faltante no es importante estructuralmente, que falte un putto en una Ascensión no nos crea la necesidad de reconstruirlo, pero si nos falta una fachada, un arco o simplemente un dintel, necesitamos hacerlo. Entonces si lo hacemos nuevo ¿por qué no podemos ser originales o formar parte de la historia del edificio?  En este punto se podría defender fácilmente la intervención creativa. ¿Nos parecería mejor la reconstrucción creativa si en vez de un astronauta fuera un motivo floral? Creo que en este caso el escándalo es que sea un teléfono móvil o un astronauta y no es escandaloso el hecho de introducir elementos ajenos a la obra. Quizás el problema sea el miedo o la devaluación de la cultura occidental, asusta la impronta que podamos dejar, somos autodestructivos y nos negamos continuamente olvidando que todo es efímero y que si está ahí aún es sólo porque así lo decidimos. </p>
<p>Traduttore tradittore toda intervención o interpretación de una obra es un atentado contra la misma. Creo que la introducción de anacronismos en faltantes puntuales no es importante siempre y cuando el motivo no distorsione el conjunto, es absurdo que la Catedral de Burgos fuera recordada por una mera introducción arquitectónica contemporánea, olvidando la majestuosidad del gótico, o la obra de ingeniería, por eso si el motivo de dicha introducción es satisfacer un ego o justificarlo con la intención de datar me parece superfluo, en cambio si se hace con el objetivo de mostrar el lugar donde iría una pieza faltante clave para la distribución o conjunto, la cosa cambia. El motivo no es importante porque la reposición o la inventiva con un tipo menos polémico sería igual de dañino sólo que el público no jugaría a buscarlo. De este último caso está llena la historia de la restauración, de elementos que no distorsionan y son tan falsos como el móvil.</p>
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	<item>
		<title>Por: Lara Navarro</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-298</link>
		<dc:creator>Lara Navarro</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 16:12:32 +0000</pubDate>
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		<description>Para gustos, colores, y equipos de fútbol.

La reintegración, tanto volumétrica como pictórica, es una de las intervenciones en las que
el restaurador puede optar entre un amplio abanico de técnicas , estilos, etc. y en cierto modo, uno
de los procesos más artísticos que hay en la restauración. El restaurador puede demostrar en este
proceso sus aptitudes como artista, desde cerrando pequeñas grietas y fisuras, hasta reintegrar
formas, reconstruir volúmenes o ajustar el tono en reintegraciones pictóricas, bien sean colores
planos o degradados. Pero aunque se trate de la parte más artística de esta profesión, opino que
deben haber ciertos límites. En mi opinión, para poder reconocer una intervención no es necesario
introducir elementos tan agresivos como un astronauta o un teléfono móvil, que nada tienen que ver
con el contexto en el que se les ha puesto, como jamás se nos ocurriría introducir un dibujito de
Hello Kitty en la mejilla de la infanta Margarita de Austria en el cuadro de las Meninas. Más grave
me parece la falta de objetividad del responsable de la intervención el caso del escudo del Athletic
de Bilbao, pues es bastante evidente que los gustos y preferencias deportivas del restaurador
deberían quedar al margen en estos procesos.
Hay muchos métodos mediante los cuales se puede hacer posible la discernibilidad de un
proceso de reintegración de una manera más discreta y respetuosa que la realizada en estas
intervenciones arquitectónicas de las que nos habla Iván en este artículo, como el uso de un material
diferente al original, o en el caso de escoger el mismo, diferenciarlo utilizando un tono diferente,
delimitando la zona reconstruida, o incluso inscribiendo una pequeña marca o el año de la
intervención en una zona escondida y poco comprometida, de manera que se pueda reconocer la
intervención a cierta distancia pero que a la vez se cierren las lagunas existentes y recompongan su
unidad formal y estética. Todo esto en el caso de tener la suficiente información y documentación
para realizarlo, en caso contrario, soy partidaria de no inventar nada. Cabe destacar también la
importancia de un buen informe final, en el cual se introduzca una buena documentación fotográfica
y teórica de la intervención para posibles actuaciones en un futuro.
Junto con la restauración, como sabemos, va unido el riesgo en muchos de los procesos que
se realizan, pero correr riesgos innecesarios en esta profesión, por lo general, no suele tener buenos
resultados. Personalmente, no creo que sean beneficiosas estas actuaciones sino más bien todo lo
contrario. En mi opinión, estas intervenciones resultan perjudiciales para la obra, pues el espectador
puede tomarlo como un juego, centrando su atención en la búsqueda de este motivo, en lugar de
hacerlo sobre el conjunto arquitectónico, restándole protagonismo al mismo, además de la
descontextualización que sufre la obra y que entorpece la buena comprensión de la misma.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Para gustos, colores, y equipos de fútbol.</p>
<p>La reintegración, tanto volumétrica como pictórica, es una de las intervenciones en las que<br />
el restaurador puede optar entre un amplio abanico de técnicas , estilos, etc. y en cierto modo, uno<br />
de los procesos más artísticos que hay en la restauración. El restaurador puede demostrar en este<br />
proceso sus aptitudes como artista, desde cerrando pequeñas grietas y fisuras, hasta reintegrar<br />
formas, reconstruir volúmenes o ajustar el tono en reintegraciones pictóricas, bien sean colores<br />
planos o degradados. Pero aunque se trate de la parte más artística de esta profesión, opino que<br />
deben haber ciertos límites. En mi opinión, para poder reconocer una intervención no es necesario<br />
introducir elementos tan agresivos como un astronauta o un teléfono móvil, que nada tienen que ver<br />
con el contexto en el que se les ha puesto, como jamás se nos ocurriría introducir un dibujito de<br />
Hello Kitty en la mejilla de la infanta Margarita de Austria en el cuadro de las Meninas. Más grave<br />
me parece la falta de objetividad del responsable de la intervención el caso del escudo del Athletic<br />
de Bilbao, pues es bastante evidente que los gustos y preferencias deportivas del restaurador<br />
deberían quedar al margen en estos procesos.<br />
Hay muchos métodos mediante los cuales se puede hacer posible la discernibilidad de un<br />
proceso de reintegración de una manera más discreta y respetuosa que la realizada en estas<br />
intervenciones arquitectónicas de las que nos habla Iván en este artículo, como el uso de un material<br />
diferente al original, o en el caso de escoger el mismo, diferenciarlo utilizando un tono diferente,<br />
delimitando la zona reconstruida, o incluso inscribiendo una pequeña marca o el año de la<br />
intervención en una zona escondida y poco comprometida, de manera que se pueda reconocer la<br />
intervención a cierta distancia pero que a la vez se cierren las lagunas existentes y recompongan su<br />
unidad formal y estética. Todo esto en el caso de tener la suficiente información y documentación<br />
para realizarlo, en caso contrario, soy partidaria de no inventar nada. Cabe destacar también la<br />
importancia de un buen informe final, en el cual se introduzca una buena documentación fotográfica<br />
y teórica de la intervención para posibles actuaciones en un futuro.<br />
Junto con la restauración, como sabemos, va unido el riesgo en muchos de los procesos que<br />
se realizan, pero correr riesgos innecesarios en esta profesión, por lo general, no suele tener buenos<br />
resultados. Personalmente, no creo que sean beneficiosas estas actuaciones sino más bien todo lo<br />
contrario. En mi opinión, estas intervenciones resultan perjudiciales para la obra, pues el espectador<br />
puede tomarlo como un juego, centrando su atención en la búsqueda de este motivo, en lugar de<br />
hacerlo sobre el conjunto arquitectónico, restándole protagonismo al mismo, además de la<br />
descontextualización que sufre la obra y que entorpece la buena comprensión de la misma.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Laura Moya</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-297</link>
		<dc:creator>Laura Moya</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 16:10:39 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.luzrasante.com/?p=267#comment-297</guid>
		<description>Curioso articulo el que se nos presenta bajo este titulo que a muy pequeña escala nombra la multitud de “testigos” que se encuentran en diversos monumentos y sus decoraciones tras las restauraciones arquitectónicas.

Tengo que reconocer que desconocía hasta el momento que la presencia de estos elementos fuese tan numerosa y la verdad es que me parece que hay bastantes puntos sobre los que reflexionar y sobre todo cuando nos damos cuenta de que no existe ningún criterio más que el de la libertad y el egocentrismo del artista que se propone intervenir sobre una obra de arte.

La Carta Internacional de Venecia en su artículo IX expresa que: “La restauración de un monumento es una operación que debe guardar un carácter excepcional. Tiene como finalidad asegurar su conservación y revelar su valor y cualidades estéticas o históricas (…). La restauración se funda en el respeto hacia la sustancia original o antigua del monumento (…) y sobre los documentos auténticos que lo conciernen”. 


Seguramente nadie dudará de que en todas las intervenciones que nombra el articulo todos estos postulados se han llevado a cabo y fundamentalmente aquellos que hacen referencia al “respeto”, una palabra clave, es mas, en mi opinión una necesidad.

Y ¿por qué no dudar de la adecuación de estas restauraciones? ¿No es cierto que la presencia de estos objetos desvía la mirada del espectador, que lejos de contemplar el trabajo en conjunto y de juzgarlo se dedica a buscar aquello que convierte al monumento en algo simple y mera anécdota?.

Este hecho anecdótico le resta valor al edificio, al monumento que tenemos delante. Cuando la anécdota suscita más importancia que el conjunto y lo que este transmite tenemos un problema. Debemos ser capaces de valorar si se ha llevado a cabo un buen trabajo de conservación- restauración que recoja la esencia original de la obra y establecer nuestro propio juicio. Ahora bien, desgraciadamente no todo el mundo ve más allá de la obra de arte ni sabe distinguir si ha habido una solución a los diferentes problemas y alteraciones del monumento incluyendo la elección de materiales, tratamientos y técnicas. Lo que es evidente es que difícilmente una persona de a pie podrá incidir en este tipo de cuestiones si su atención es requerida por un astronauta, un dragón con un helado de dos bolas o cualquier otro chisme.

Estoy totalmente en contra de que este tipo de elementos se conviertan en un aliciente para la visita a un monumento ¿Dónde hemos dejado la sensibilidad artística?.

Podríamos buscar las respuestas en el carácter público de la arquitectura y sin duda una  justificación a este tipo de intervenciones podría ser la accesibilidad y el uso cívico que se hace de las manifestaciones arquitectónicas junto con esa idea de ponerle fecha a la rehabilitación y dejar constancia en el futuro.

Pienso que en todo caso nos estaríamos equivocando, pues siguiendo esa misma línea, ahora que las obras pictóricas se encuentran en los museos, fuera de un ámbito que originariamente había sido privado, y al alcance de todos, los restauradores en un afán de protagonismo como el que tienen estos canteros podríamos llevar a cabo también este tipo de reconstrucciones.

Evidentemente no seria lógico, estaríamos atentando sobre la obra original del autor y su contexto  histórico- artístico ¿Nos gustaría acaso ver uno de estos testigos en cualquiera de las obras maestras de la pintura?.

Definitivamente, no hay justificación alguna para la presencia de estos elementos anacrónicos pues no se trata de un fallo o un error en la restauración, que inevitablemente los hay, sino de una acción hecha a conciencia con el indigno propósito por parte de su ejecutor de adquirir protagonismo.

Por ultimo, me gustarían lanzar otra pregunta ¿realmente se ha pensado alguna vez en retirar estos objetos?. Es una pena que esto se convierta en algo habitual….no es por nada</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Curioso articulo el que se nos presenta bajo este titulo que a muy pequeña escala nombra la multitud de “testigos” que se encuentran en diversos monumentos y sus decoraciones tras las restauraciones arquitectónicas.</p>
<p>Tengo que reconocer que desconocía hasta el momento que la presencia de estos elementos fuese tan numerosa y la verdad es que me parece que hay bastantes puntos sobre los que reflexionar y sobre todo cuando nos damos cuenta de que no existe ningún criterio más que el de la libertad y el egocentrismo del artista que se propone intervenir sobre una obra de arte.</p>
<p>La Carta Internacional de Venecia en su artículo IX expresa que: “La restauración de un monumento es una operación que debe guardar un carácter excepcional. Tiene como finalidad asegurar su conservación y revelar su valor y cualidades estéticas o históricas (…). La restauración se funda en el respeto hacia la sustancia original o antigua del monumento (…) y sobre los documentos auténticos que lo conciernen”. </p>
<p>Seguramente nadie dudará de que en todas las intervenciones que nombra el articulo todos estos postulados se han llevado a cabo y fundamentalmente aquellos que hacen referencia al “respeto”, una palabra clave, es mas, en mi opinión una necesidad.</p>
<p>Y ¿por qué no dudar de la adecuación de estas restauraciones? ¿No es cierto que la presencia de estos objetos desvía la mirada del espectador, que lejos de contemplar el trabajo en conjunto y de juzgarlo se dedica a buscar aquello que convierte al monumento en algo simple y mera anécdota?.</p>
<p>Este hecho anecdótico le resta valor al edificio, al monumento que tenemos delante. Cuando la anécdota suscita más importancia que el conjunto y lo que este transmite tenemos un problema. Debemos ser capaces de valorar si se ha llevado a cabo un buen trabajo de conservación- restauración que recoja la esencia original de la obra y establecer nuestro propio juicio. Ahora bien, desgraciadamente no todo el mundo ve más allá de la obra de arte ni sabe distinguir si ha habido una solución a los diferentes problemas y alteraciones del monumento incluyendo la elección de materiales, tratamientos y técnicas. Lo que es evidente es que difícilmente una persona de a pie podrá incidir en este tipo de cuestiones si su atención es requerida por un astronauta, un dragón con un helado de dos bolas o cualquier otro chisme.</p>
<p>Estoy totalmente en contra de que este tipo de elementos se conviertan en un aliciente para la visita a un monumento ¿Dónde hemos dejado la sensibilidad artística?.</p>
<p>Podríamos buscar las respuestas en el carácter público de la arquitectura y sin duda una  justificación a este tipo de intervenciones podría ser la accesibilidad y el uso cívico que se hace de las manifestaciones arquitectónicas junto con esa idea de ponerle fecha a la rehabilitación y dejar constancia en el futuro.</p>
<p>Pienso que en todo caso nos estaríamos equivocando, pues siguiendo esa misma línea, ahora que las obras pictóricas se encuentran en los museos, fuera de un ámbito que originariamente había sido privado, y al alcance de todos, los restauradores en un afán de protagonismo como el que tienen estos canteros podríamos llevar a cabo también este tipo de reconstrucciones.</p>
<p>Evidentemente no seria lógico, estaríamos atentando sobre la obra original del autor y su contexto  histórico- artístico ¿Nos gustaría acaso ver uno de estos testigos en cualquiera de las obras maestras de la pintura?.</p>
<p>Definitivamente, no hay justificación alguna para la presencia de estos elementos anacrónicos pues no se trata de un fallo o un error en la restauración, que inevitablemente los hay, sino de una acción hecha a conciencia con el indigno propósito por parte de su ejecutor de adquirir protagonismo.</p>
<p>Por ultimo, me gustarían lanzar otra pregunta ¿realmente se ha pensado alguna vez en retirar estos objetos?. Es una pena que esto se convierta en algo habitual….no es por nada</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Victoria Vivancos</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-296</link>
		<dc:creator>Victoria Vivancos</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 07:42:04 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.luzrasante.com/?p=267#comment-296</guid>
		<description>Aprovecho la coyuntura que me ofrece este blog , en primer lugar Ivan, para agradecerte enormemente tu colaboración con nuestra asignatura. La respuesta de mis alumnos a esta iniciativa ha sido estupenda, y solo necesitábamos personas tan implicadas y dispuestas del campo de la restuaración, como tú , pare llevar a cabo este trabajo. Te animo Iván a que sigas en esta línea y ojalá esta participación sirva de ejemplo y estimule a muchos colegas de nuestra área.
!hasta la próxima!!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Aprovecho la coyuntura que me ofrece este blog , en primer lugar Ivan, para agradecerte enormemente tu colaboración con nuestra asignatura. La respuesta de mis alumnos a esta iniciativa ha sido estupenda, y solo necesitábamos personas tan implicadas y dispuestas del campo de la restuaración, como tú , pare llevar a cabo este trabajo. Te animo Iván a que sigas en esta línea y ojalá esta participación sirva de ejemplo y estimule a muchos colegas de nuestra área.<br />
!hasta la próxima!!</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Pascual Ruiz</title>
		<link>http://www.luzrasante.com/formando-restauradores/comment-page-1/#comment-295</link>
		<dc:creator>Pascual Ruiz</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Mar 2009 15:20:11 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.luzrasante.com/?p=267#comment-295</guid>
		<description>NO LUKE...YO SOY TU PADRE…

Dicen que: “Ser original es una virtud. Intentar serlo, un defecto”. 

     Es curioso que ya hace más de diez siglos se iniciara la costumbre de grabar en los sillares de piedra de las construcciones una serie de marcas, unas firmas personales de los canteros, que advirtiesen del trabajo realizado por cada picapedrero y por lo tanto poder calcular la cantidad a cobrar o a modo de indicación para saber la posición de la piedra en la obra.

     ¡Que arcaísmos hacían servir estas criaturas! Eso es lo que debemos pensar, ya que viendo los métodos empleados para lograr la discernibilidad en las reintegraciones ornamentales o arquitectónicas en piedra que se utilizan en la actualidad cualquiera diría que parece utópico que ese ejercito de mentes pensantes de nobles arquitectos y versados restauradores no hayan considerado sustancial la utilización de esas añejas marcas.

     Por otra parte, a los ejemplos ya citados me gustaría sumar uno surgido de El Lado Oscuro de la Fuerza en el nacimiento de la década de los noventa. Sí, no he sido poseído por ningún Sith ni un R2D2 cualquiera, todo es producto de un concurso nacional convocado entre escolares para que dibujasen gárgolas con las que decorar la torre noroeste de la catedral de Washington.

     A fin de encontrar una figura análoga a los demonios y seres deformes del medievo, un escolar tuvo a bien que la figura más adecuada para personificar el mal en el mundo contemporáneo era el famoso Darth Vader. 

     Y es que intentar fechar las cosas y que el resto de la plebe sepa diferenciar un elemento de otro está bien y por otra parte ¿qué mal hace un teléfono móvil en una catedral? ¿Si a decir verdad, hoy en día, lejos de escucharse los primitivos cantus firmus del Ars Antiqua con lo que realmente nos podemos deleitar en “esos espacios para el recogimiento y oración” es con algún nuevo politono?

     No sabemos si el texto de Iván “El teléfono móvil, el astronauta y el fotógrafo” está lleno de ataques de creatividad inédita o de juiciosos procesos de reintegración con fines puramente documentales. El caso es que según observamos, la imberbe historia de la restauración escultórica aparece sembrada de representaciones procrónicas, que más que enriquecer o por lo menos resultar inocuas a la lectura de las obras, juegan a ser los amos de la carretera, como en “Esa” película de Kubrick, disputándose frontalmente el privilegio de ser admirados como obra individual.

     Por cierto, a mí que me llamen retrogrado pero sigo viendo en aquellas marcas de los siglos XX y XI una solución mucho más simple para indicar a las generaciones venideras que se concibió en el génesis de la obra y que se incorporo con el paso del tiempo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>NO LUKE&#8230;YO SOY TU PADRE…</p>
<p>Dicen que: “Ser original es una virtud. Intentar serlo, un defecto”. </p>
<p>     Es curioso que ya hace más de diez siglos se iniciara la costumbre de grabar en los sillares de piedra de las construcciones una serie de marcas, unas firmas personales de los canteros, que advirtiesen del trabajo realizado por cada picapedrero y por lo tanto poder calcular la cantidad a cobrar o a modo de indicación para saber la posición de la piedra en la obra.</p>
<p>     ¡Que arcaísmos hacían servir estas criaturas! Eso es lo que debemos pensar, ya que viendo los métodos empleados para lograr la discernibilidad en las reintegraciones ornamentales o arquitectónicas en piedra que se utilizan en la actualidad cualquiera diría que parece utópico que ese ejercito de mentes pensantes de nobles arquitectos y versados restauradores no hayan considerado sustancial la utilización de esas añejas marcas.</p>
<p>     Por otra parte, a los ejemplos ya citados me gustaría sumar uno surgido de El Lado Oscuro de la Fuerza en el nacimiento de la década de los noventa. Sí, no he sido poseído por ningún Sith ni un R2D2 cualquiera, todo es producto de un concurso nacional convocado entre escolares para que dibujasen gárgolas con las que decorar la torre noroeste de la catedral de Washington.</p>
<p>     A fin de encontrar una figura análoga a los demonios y seres deformes del medievo, un escolar tuvo a bien que la figura más adecuada para personificar el mal en el mundo contemporáneo era el famoso Darth Vader. </p>
<p>     Y es que intentar fechar las cosas y que el resto de la plebe sepa diferenciar un elemento de otro está bien y por otra parte ¿qué mal hace un teléfono móvil en una catedral? ¿Si a decir verdad, hoy en día, lejos de escucharse los primitivos cantus firmus del Ars Antiqua con lo que realmente nos podemos deleitar en “esos espacios para el recogimiento y oración” es con algún nuevo politono?</p>
<p>     No sabemos si el texto de Iván “El teléfono móvil, el astronauta y el fotógrafo” está lleno de ataques de creatividad inédita o de juiciosos procesos de reintegración con fines puramente documentales. El caso es que según observamos, la imberbe historia de la restauración escultórica aparece sembrada de representaciones procrónicas, que más que enriquecer o por lo menos resultar inocuas a la lectura de las obras, juegan a ser los amos de la carretera, como en “Esa” película de Kubrick, disputándose frontalmente el privilegio de ser admirados como obra individual.</p>
<p>     Por cierto, a mí que me llamen retrogrado pero sigo viendo en aquellas marcas de los siglos XX y XI una solución mucho más simple para indicar a las generaciones venideras que se concibió en el génesis de la obra y que se incorporo con el paso del tiempo.</p>
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