Escrito por Iván el Domingo, 29 de Agosto del 2010 a las 19:00
Desde hace ya algún tiempo está disponible el número 15 de la revista digital e-conservation online, en la que como es habitual se publican interesantes artículos relacionados con la conservación y la restauración.
Me ha llamado la atención la reseña a un curioso proyecto que se está desarrollando en Alemania. En el siglo XVI el pintor Hans Ritter, un discípulo de Lucas Cranach el Viejo, realizó las pinturas murales de la mansión Broemserhof en Ruedesheim. Los murales fueron pintados en el renacimiento con la técnica al seco y muestran algunas escenas bíblicas junto a una gran variedad de motivos alusivos a la genealogía de Cristo.
El edificio y las pinturas sufrieron graves daños durante la Segunda Guerra Mundial que hicieron que se perdiera gran parte de su superficie, sin embargo, se conserva una acuarela del pintor Mogens Francesco Hendrik en la que se reproducen los murales tal y como se conservaban en el siglo XIX. Este dibujo sirvió como base del trabajo de Michaela Janke, una estudiante de la Universidad de Colonia.
La idea ha consistido en proyectar una imagen digital basada en la pintura en las grandes pérdidas de la pintura de las bóvedas para reintegrar así las partes perdidas. El proyecto se materializó con el apoyo de dos empresas dedicadas al montaje de audiovisuales para el mundo del espectáculo (coolux GmbH y Burmester Event und Medientechnik).
La novedad de este proyecto reside en la manipulación de los archivo de imágenes, ya que con una proyección de diapositivas convencionales el resultado habría sido una imagen distorsionada debido a la curvatura de las bóvedas de crucería donde se proyecta la imagen. Para solucionar este problema, se recurrió a un software especial utilizado normalmente en representaciones de ópera y conciertos. El método consiste en la proyección de una cuadrícula en el área a reconstruir, que posteriormente es reconocida por un software que permite que la imagen se ajuste a las formas de la arquitectura. El resultado es una imagen de buena calidad, que se integra bien en el conjunto mural y que permite ver como serían las pinturas antes de su destrucción.
Escrito por Iván el Domingo, 28 de Marzo del 2010 a las 21:59
A través de Manel Alagarda nos llega la noticia de la celebración de un interesante curso: ” Restauramos, investigamos y lo contamos”, parece que poco a poco el mundo de la restauración y el de las tecnologías de la comunicación comienzan a caminar de la mano y en Luz rasante lo celebramos.
Según la información que nos remite Manel el curso se plantea con una metodología mixta, presencial y de trabajo on-line. Está dirigido a profesionales y estudiantes de los distintos campos del patrimonio cultural que deseen conocer las posibilidades que brinda internet para compartir y difundir conocimientos y actividades, principalmente del ámbito de la conservación y restauración de patrimonio cultural.
El curso tiene como objetivo potenciar la utilización de las tecnologías de la información y comunicación en su aplicación a la difusión e interrelacion de proyectos e investigaciones en materia de patrimonio cultural, en especial del campo de la conservación, restauración e investigación como metodología de puesta en valor.
Escrito por Iván el Sábado, 6 de Marzo del 2010 a las 14:39
“Todo hace pensar que los conceptos que barajamos habitualmente se mueven en la línea de que nuestra función es mantenernos dentro de los márgenes que van desde la creación de la pieza hasta nuestros días, que nuestra intervención en la obra de arte debería de ser aséptica en cuanto que no pretende añadir nada y lo que añade sea perfectamente identificable para seguir estando al margen de la evolución del objeto artístico. Este planteamiento nos sitúa en una visión de restauración de obra de arte, bajo un análisis que podríamos llamar corto de vista. Está basado en la premisa del interés de la intervención material desde el punto de vista de la reparación y con la idea de que si nos diferenciamos del objeto original o no alteramos los restos que nos han llegado a nuestras manos no aportaremos nada a la obra y por tanto su evolución histórica no sufrirá la ingerencia de una nueva etapa. Parece que el hecho de no añadir ninguna materia nueva a su “epidermis”, o hacerlo de forma muy diferenciada del objeto, hace que no afecte a los conceptos fundamentales que lo definen. Este punto de vista se contrapone con lo que se pretende demostrar a continuación: que la restauración no sólo no es aséptica ni se queda al margen de la obra, sino que se implica en ella de forma que la redefine y, a suvez, influye notablemente en la comprensión y análisis del arte, por lo quemodifica notablemente los parámetros anteriormente enunciados”
Escrito por Iván el Miércoles, 20 de Enero del 2010 a las 19:55
Sin duda las colas orgánicas han sido uno de los materiales más utilizados a lo largo de toda la historia del arte, se trata de adhesivos que se emplearon, entre otras muchas cosas, como aglutinantes pictóricos (en la técnica al temple por ejemplo) o para realización de preparaciones. En el campo de la restauración se sigue recurriendo a ellas con asiduidad para realizar operaciones de readhesión de policromías, elaboración de adhesivos para entelados, elaborar aparejo de nivelación tradicional, etc.
La cola de conejo es un adhesivo proteínico, una “cola animal”, término con el que se designa generalmente a colas preparadas a partir de colágeno de mamíferos. Estas colas se obtienen tras cocer durante largo tiempo diversas partes animales, en especial, pieles, huesos, cartílagos y otros despojos. Se trocean, lavan y se colocan en agua al fuego, eliminando la espuma que va saliendo. Al cabo de un tiempo se forma una pasta gelatinosa que se filtra y deja secar hasta que se solidifica y luego se pulveriza se forman escamas, perlas o placas para su conservación y comercialización
El colágeno tiene un alto poder adhesivo y desde un punto de vista químico se trata de una proteína insoluble en agua, que se convierte en un material soluble gracias a un proceso de hidrólisis. Si el colágeno es puro y la transformación o hidrólisis se hace por procesos lentos, se obtiene un producto de alta calida que es la gelatina, empleada con fines fotográficos y alimentarios. Si el colágeno es menos puro da origen a las “colas animales”, que suelen ser de color oscuro.
La principal propiedad de la cola es la de cambiar de un estado fluido hasta llegar a un gel rígido, como resultado de un descenso de temperatura de relativamente pocos grados y regresa al estado anterior como consecuencia de un aumento de temperatura. Al enfriarse, las colas se espesan y se hacen pegajosas, sirviendo como adhesivos.
En cuanto a su envejecimiento, las proteínas son bastante estables ante la oxidación y, en condiciones normales de temperatura y humedad, no experimentan grandes cambios. La humedad es su principal enemigo, porque puede provocar la pérdida de fuerza adherente y favorece el crecimiento de hongos y bacterias. Las condiciones climáticas ideales para la conservación y exposición de objetos tratados con colas es una humedad relativa de entre 45-65%, y una temperatura de 20°C máximo.
Existen varios tipos de cola animal, pero eso lo dejaremos para el próximo día…
Escrito por Iván el Domingo, 29 de Noviembre del 2009 a las 22:48
La verdad es que se echaba en falta una publicación relacionada con la conservación y restauración on line y en español. Para cubrir ese hueco ha nacido Ge-Conservación. Ya está disponible el nº 0 de la nueva revista digital del GEIIC su objetivo es “contribuir al desarrollo científico, a la difusión y al intercambio de los conocimientos en materia de conservación y restauración del Patrimonio Cultural. Está dirigida principal, pero no exclusivamente, a los países de habla española y portuguesa” además “la revista pretende tener un espíritu crítico y dará prioridad a los enfoques interdisciplinares, a la argumentación de criterios y a la metodología. Está abierta a todas las personas cuyas propuestas respondan a los objetivos y características de la publicación”.
En este número podemos encontrar algunos artículos como los que hablan de reintegración cromática en pintura de caballete, de elementos románicos repintados o conservación de arte contemporáneo.
Escrito por Iván el Sábado, 12 de Septiembre del 2009 a las 18:38
Después del paréntesis veraniego retomamos la actividad de Luz rasante. Durante estos meses, en contra de lo que pudiera parecer, el blog ha estado parado pero no por que estuviéramos de vacaciones, sino por todo lo contrario, por exceso de trabajo.
Normalmente no suelo hablar por aquí de mis proyectos, pero haré una excepción para contar que el mes de julio lo pasé en La Alberca de Záncara, un pequeño pueblo de Cuenca, coordinando una de las campañas de trabajo de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid que dirigió Guillermo Fernández. En concreto la restauración de un retablo y unas pinturas murales del siglo XVIII del antiguo Convento del Carmen.
Las campañas de trabajo son un complemento a lo aprendido durante el curso que algunas escuelas ofrecen a sus alumnos, consiste en la realización de labores de restauración fuera de la Escuela, para el tratamiento “in situ” de bienes culturales que difícilmente podrían ser abordados en los talleres del centro; así se convierten en un complemento de formación en algunos campos como la pintura mural o los retablos, que de lo contrario se tratarían de una forma parcial.
Además de todo esto las campañas son el primer contacto de los estudiantes con una forma de trabajo más cercana a la realidad: con un horario laboral, andamios, trabajo en equipo, plazos que cumplir… La verdad es que uno recuerda con cariño las campañas en las que participó como estudiante, casi todas en Toro, y ahora me ha tocado estar del otro lado, coordinando, resolviendo dudas y sobre todo subiendo y bajando del andamio sin parar…
Ha sido un mes de trabajo intenso en el que han participado 14 alumnas de las especialidades de pintura y escultura de tercer curso y de primero, a las que desde aquí felicito por el trabajo y la ilusión que pusieron y sobre todo, y aunque alguna lo dudara, por terminar la obra a tiempo.
Escrito por Iván el Sábado, 13 de Junio del 2009 a las 17:36
Iniciamos hoy una nueva sección dentro de Luz rasante dedicada a uno los “ingredientes” más importantes de la restauración: las personas. Nuestra intención es charlar con diferentes profesionales, con distintos puntos de vista, que de una manera u otra forman parte de este mundo, para intentar conocerlo más a fondo.
Creo que no hay mejor manera comenzar con estas entrevistas que charlando con un restaurador. Antonio Sánchez-Barriga es restaurador del Instituto de Patrimonio Histórico Español, sus especialidades son la pintura de caballete y la mural, en las que lleva trabajando más de 35 años.
Conocí a Antonio en su taller, luminoso y de altos techos, mientras integraba el color a dos lienzos de Lucas Jordán, cerca reposaban en sus caballetes otras pinturas de Francisco Camilo, Bartolomé Carducho y José Camarón. Me contó como los había restaurado utilizando el entelado flotante, una técnica desarrollada por él. A los pocos minutos de conversación uno se da cuenta de que es un hombre con amplitud miras y de horizontes lejanos, “soy de familia de marineros” asegura. Antonio es un restaurador de acción, un hombre de mundo, que suele retratar a través de la lente de su Leica.
Comencemos por el principio ¿Cómo surgió tu interés por la restauración?, ¿dónde te formaste y quienes fueron tus maestros y qué recuerdos guardas de esa etapa? Mi padre me inculcó el amor al arte de la pintura, así como los profesores de Historia del arte que he tenido en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid. Estudié en la Escuela de Restauración de Madrid y soy de la 2ª promoción. En aquél tiempo se creó el llamado Instituto Central de Restauración por el catedrático Gratiniano Nieto y vinculó la escuela al mismo centro, por lo que los alumnos practicaban con los restauradores que en aquél momento formaban la plantilla. La restauración se realizaba de manera tradicional y se seguían criterios antiguos, pero se debe reconocer que en el tema de los entelados los realizaban a la perfección. Existía ya un laboratorio de análisis de pigmentos y radiografía muy bien llevado por José María Cabrera. Con gran sabiduría Gratiniano abrió el camino para que los alumnos que tenían buenas notas pudiesen aplicarse en el extranjero con becas. En mi caso nos las he tenido hasta mi vuelta de México en el año 1971. Conseguí dos, una de la UNESCO y otra en el Restauro de Roma donde me formé con muy buenos profesores como el matrimonio Paolo y Laura Mora, Paul Philippot, Giovanni Urbani entre otros.
¿Cómo fueron tus inicios como restaurador, fue complicado? Volví a España después de dos años de formación en Italia con otra gran restauradora, Carmen del Valle e ingresamos en el Instituto. El ministerio nos indicó que podíamos enseñar las nuevas ideas…y así lo creímos; los recuerdos no son gratos, solamente duré dos años allí, dimití y volví a Italia.
¿Crees que ha evolucionado la profesión desde entonces? La profesión en su esencia no ha cambiado, si algunas metodologías novedosas que se introducen en nuestra profesión gracias a las empresas comerciales y algunos de esos productos que con el tiempo pueden también quedar obsoletos. En mi trabajo continúo con algunos materiales tradicionales y en casos muy concretos con los novedosos que con el tiempo han tenido muy buenos resultados.
Como viene siendo habitual os avisamos de que ya está disponible el número 9 de la revista digital sobre conservación y restauración e-conservation, correspondiente al mes de Abril de 2009. Se puede descargar de forma libre aquí. (0)#
Escrito por Iván el Sábado, 18 de Abril del 2009 a las 19:06
Desde hace mucho tiempo me ha interesado el arte oriental, tan desconocido y diferente al nuestro. En una ocasión, charlando con una budista sobre restauración, me planteaba una interesante pregunta ¿puedeun occidental hacer una buena restauración de una pieza de arte budista?
La respuesta a esta pregunta tiene mucho que ver con algo que ya hemos comentado por aquí en varias ocasiones: la diferencia entre conservación y restauración. Evidentemente un restaurador occidental podrá hacer una buena conservación de una pieza budista, pues los materiales, las técnicas y sus procesos de degradación son los mismos ( o muy parecidos en Madrid y en Lhasa). El problema surge a la hora de realizar un trabajo de restauración, ya que se trata de un proceso crítico y de reinterpretación de la obra que exige al restaurador un profundo conocimiento de la pieza, su significado, iconografía, valor simbólico, religioso, social … por lo tanto es posible que en igualdad de conocimientos y medios técnicos un restaurador del Tíbet restauraría mejor un Buda que yo.
Sirva esta pequeña reflexión a modo de introducción para hablar de los Thangkas (en tibetano la palabra ‘than’ quiere decir plano y ‘ka’ significa pintura), una especie de banderas o tapices pintados o bordados, que se cuelgan en los monasterios o altares privados de las casas budistas y que ocasionalmente son llevados por los monjes en procesiones ceremoniales religiosas. Las pinturas thangka se hicieron populares entre los monjes itinerantes ya que estas pinturas enrollables eran fáciles de transportar de monasterio en monasterio. Estos thangka eran importantes herramientas de enseñanza, ya que mostraban escenas de la vida del Buda, o La rueda de la vida, que es una representación visual de las enseñanzas del Abhidharma (o Arte de la Iluminación), para los budistas estas pinturas religiosas poseen una belleza que se interpreta como una manifestación de lo divino, y por lo tanto son visualmente estimulantes.
Los Thangkas están realizados en un soporte de algodón o seda y se pintan con colores orgánicos aglutinados con cola, lo que nosotros llamamos temple. Su composición e iconografía están sujetas a una serie de reglas geométricas que determinan las medidas de cada elemento, algo que también sucede con las posturas de los personajes y los colores, nada es fruto del azar.
Podemos acercarnos al mundo de la conservación y restauración de Thangkas a través de una publicación del ICOM-CC en la que se recopilan las intervenciones de diversos expertos en este campo, en un congreso celebrado en Nueva Delhi en Septiembre de 2008. Los textos están en inglés y se pueden descargar aquí.
La luz rasante es un sencillo método de examen para el análisis de las obras de arte. Es tan simple como situar un foco de luz de manera que ilumine la obra desde un ángulo lateral casi en paralelo con su superficie. Gracias a la luz rasante es posible apreciar detalles de la pieza que a simple vista pasaban desapercibidos. Algo parecido es lo que propone este blog. Poner de relieve y analizar de una forma sencilla temas relacionados con el arte el patrimonio, su conservación y su restauración.