Luz Rasante

Moviendo retablos

Escrito por Iván el Miércoles, 9 de enero del 2013 a las 20:34

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los retablos, al igual que pasa con la pintura mural, están concebidos para ocupar un espacio arquitectónico concreto a cuyas dimensiones y formas se adaptan y en la mayoría de ocasiones complementan y enriquecen. El desmontaje de un retablo, aunque sea durante su restauración, es un proceso que en muchas veces causa nuevos problemas a una estructura compleja que por norma general suele estar estabilizada. Hacerlo de manera total y sistemática tan solo está justificado cuando el retablo presenta problemas estructurales que hacen temer por su estabilidad (y que requieren la colocación de una nueva estructura portante, por ejemplo). Normalmente muchos de los problemas estructurales y defectos en los ensamblajes pueden solucionarse con métodos menos agresivos o simplemente desmontando parcialmente  alguno de sus elementos.

Los retablos se inscriben dentro de la historia, la estética y la evolución del edificio, de sus sucesivas ampliaciones y reformas en diferentes estilos. Por eso no es nada extraño que un retablo renacentista o barroco oculte un ábside románico o unas pinturas murales anteriores que en ocasiones ven la luz con motivo de una restauración. El problema comienza cuando tras ese descubrimiento se considera que las pinturas o el ábside que permanecían ocultos son mejores, o más dignos de ser conservados que el retablo, entonces surge un problema: ¿qué hacer con él?

A modo de ejemplo vamos a ver dos casos bien distintos en los que un retablo “ocultaba” una obra anterior y lo que se hizo en cada uno de ellos…

En el presbiterio de la catedral de Santo Domingo de la Calzada se conservaba la última obra que realizó el escultor renacentista Damian Forment antes de su muerte en 1540; un retablo espectacular trazado para adaptarse con precisión y armonía al espacio del ábside y de sus ventanales medievales. En el año 1996 con motivo de su restauración se decide desarticular el retablo, algo que al parecer no era necesario. Una vez finalizada la restauración se decide que el retablo no volverá a ocupar su ubicación original en la capilla mayor para poder dejar a la vista el espacio de gran riqueza arquitectónica de época medieval, hasta entonces oculto.

Los artífices de la restauración consideraron que el retablo era secundario, que estorbaba y que era mejor mostrar el edificio desnudo siguiendo un criterio (según ellos) “estético y litúrgico”. Se reubica entonces el retablo en el lado norte de la nave del crucero, metido con calzador, tras realizar algunas obras y una subestructura para acomodarlo a su nuevo espacio. Sin duda esta intervención representa un ejemplo de lo que no se debe de hacer en estos casos y así lo recoge Pedro Navascués en este magnífico artículo que no debéis dejar de leer para conocer la historia con detalle.

Un problema similar con unos resultados totalmente diferentes lo encontramos en una intervención realizada en 2009 por el Servicio de Restauración de la Junta de Castilla y León en la iglesia de Santiago en Turégano (Segovia).
Al igual que en Santo Domingo de la Calzada el retablo, esta vez barroco y de mucha menos calidad que el de Forment, ocultaba un impresionante retablo pétreo románico de principios del siglo XII, constituido por una pareja de relieves historiados, que entre columnas acodilladas, flanqueaban la ventana central del ábside.
En este caso los responsables de la restauración actuando con sensibilidad y sentido común deciden conservar ambos bienes culturales, (retablo pétreo románico y retablo barroco) sin descontextualizar ninguno de ellos y en convivencia en un mismo espacio, respetando la evolución histórica del templo. Para ello se adelantó el retablo barroco generando un espacio transitable tras él, desde el que se puede apreciar el ábside románico. Evidentemente esta operación solamente es posible si se dispone del espacio necesario en el presbiterio para adelantar el retablo y aunque modifica sensiblemente el espacio del interior del templo lo hace de una manera que nada tiene que ver con el ejemplo anterior.
Aquí se puede ver con detalle esta interesante restauración que tiene un antecedente en la realizada con medios más modestos por la Fundación Santa María la Real, en la iglesia de San Cornelio y San Cipriano en San Cebrián de Muda (Palencia), allí en el año 1993 se separó el retablo mayor del testero de la capilla para permitir la contemplación de un ciclo de pinturas murales de principios del siglo XVI.

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Categoria: Castilla y León,Escultura,Restauración,Retablos,Teoría de la restauración

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¿Qué es luz rasante?

La luz rasante es un sencillo método de examen para el análisis de las obras de arte. Es tan simple como situar un foco de luz de manera que ilumine la obra desde un ángulo lateral casi en paralelo con su superficie. Gracias a la luz rasante es posible apreciar detalles de la pieza que a simple vista pasaban desapercibidos. Algo parecido es lo que propone este blog. Poner de relieve y analizar de una forma sencilla temas relacionados con el arte el patrimonio, su conservación y su restauración.