Luz Rasante

La capilla Scrovegni de Giotto, ¿en peligro?

Escrito por Iván el Domingo, 12 de febrero del 2012 a las 19:01

Todos los 25 de marzo, en el día de la Anunciación, el primer rayo de sol de la mañana penetraba por uno de los vanos de la capilla Scrovegni e iluminaba directamente la aureola que rodea la cabeza del Cristo del Juicio Final que pintó Giotto. Para reforzar la teatralidad del momento el pintor incrustó en el muro tres espejos que reflejaban la luz en diferentes direcciones, lo que potenciaba la idea de la terribilita.

Este detalle desconocido, fue descubierto durante la última restauración de los frescos de la capilla Scrovegni en Padua realizada en los años 2001 y 2002. Tan sólo una década después la capilla vuelve a ser noticia por motivos bien distintos ya que la construcción en sus cercanías –a menos de 200 metros- de un auditorio y un aparcamiento pude afectar de manera directa en los frescos. Al parecer en la zona existen grandes variaciones de los altos niveles de agua subterránea y las nuevas obras podrían repercutir de forma negativa en la conservación de la capilla.


[youtube H9inqnnBHyQ&feature=related]

La capilla Scrovegni de Padua es uno de esos edificios en los que el austero exterior contrasta con sus paramentos interiores totalmente inundados por los increíbles frescos de Giotto. Esta obra se considera el ciclo más completo de frescos realizados por el maestro toscano en la plenitud de su expresión artística “Color, luz, poesía y pathos”.

La capilla fue construida por Enrico Scrovegni con la intención reparar el pecado de usura por el que se había enriquecido su padre, un rico banquero, por eso aparece en la escena del Juicio Final arrodillado y ofreciendo la réplica del edificio a la Virgen.

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Los murales de Giotto en Asís en dos mil palabras

Escrito por Iván el Sábado, 20 de noviembre del 2010 a las 17:20

Hace algo más de dos años, cuando Luz rasante iniciaba su andadura, publicamos esta anotación sobre la restauración de los frescos de Asís tras el terremoto de 1997: El taller de la utopía.

Hoy, como casi siempre por casualidad y buscando otra cosa, encontré un vídeo que ilustra muy bien lo que contábamos en aquella ocasión. Si una imagen vale más que mil palabras un vídeo valdrá por lo menos dos mil. Sea como sea el trabajo de restauración que se realizó con estas pinturas me sigue impresionando.

[youtube OTz7AFp7Z5c]

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Capilla de San Blas de la Catedral de Toledo

Escrito por Iván el Sábado, 20 de febrero del 2010 a las 17:50

Mientras preparo la segunda parte del artículo dedicado a las colas, os dejo un par de enlaces muy interesantes: la capilla de San Blas de la Catedral de Toledo contiene un impresionante conjunto de pintura italiana atribuida, entre otros,  al pintor florentino Gherarado Starnina.  Los murales afectados por importantes problemas de humedad y anteriores restauraciones inadecuadas, fueron restaurados en 2003 por un equipo formado por profesionales españoles e italianos que dirigió Antonio Sánchez-Barriga , al que entrevistamos hace unos meses por aquí. Por casualidad encontré hace poco dos documentos que se complementan y explican con bastante detalle la restauración de las pinturas de la capilla. Por un lado  este artículo publicado en la revista RyR y por otro estos  tres videos. Merecen la pena.

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Campaña de trabajo

Escrito por Iván el Sábado, 12 de septiembre del 2009 a las 18:38

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Después del paréntesis veraniego retomamos la actividad de Luz rasante. Durante estos meses, en contra de lo que pudiera parecer, el blog ha estado parado pero no por que estuviéramos de vacaciones, sino por todo lo contrario, por exceso de trabajo.

Normalmente no suelo hablar por aquí de mis proyectos, pero haré una excepción para contar que el mes de julio lo pasé en La Alberca de Záncara, un pequeño pueblo de Cuenca, coordinando una de las campañas de trabajo de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid que dirigió Guillermo Fernández. En concreto la restauración de un retablo y unas pinturas murales del siglo XVIII del antiguo Convento del Carmen.

Las campañas de trabajo son un complemento a lo aprendido durante el curso que algunas escuelas ofrecen a sus alumnos, consiste en la realización de labores de restauración fuera de la Escuela, para el tratamiento “in situ” de bienes culturales que difícilmente podrían ser abordados en los talleres del centro; así se convierten en un complemento de formación en algunos campos como la pintura mural o los retablos, que de lo contrario se tratarían de una forma parcial.

Además de todo esto las campañas son el primer contacto de los estudiantes con una forma de trabajo más cercana a la realidad: con un horario laboral, andamios, trabajo en equipo, plazos que cumplir…  La verdad es que uno recuerda con cariño las campañas en las que participó como estudiante, casi todas en Toro, y ahora me ha tocado estar del otro lado, coordinando, resolviendo dudas y sobre todo subiendo y bajando del andamio sin parar…

Ha sido un mes de trabajo intenso en el que han participado 14 alumnas de las especialidades de pintura y escultura de tercer curso y de primero, a las que desde aquí felicito por el trabajo y la ilusión que pusieron y sobre todo, y aunque alguna lo dudara, por terminar la obra a tiempo.

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Arranque de pintura mural. El strappo

Escrito por Iván el Jueves, 22 de enero del 2009 a las 20:39

Strappo. Foto:http://eeeelena.multiply.com/

“Un fresco del siglo IX es robado de una gruta del sur de Italia con la complicada y fascinante técnica del strappo…” esta frase, que se puede leer en la contraportada de la novela La huella del ángel,  me ha recordado que tenía pendiente seguir con la serie de anotaciones dedicadas al arranque de pintura mural. Hemos hablado ya sobre el stacco a massello y sobre el stacco, así que hablaremos hoy del strappo.

Con el método denominado strappo (algo así como arranque o despegado, en español) tan solo se separa del muro la película pictórica y, en la mayoría de los casos,  no se extrae con todo su espesor ya que casi siempre queda en la superficie mural una impronta constituida por el dibujo preparatorio o por una sutil película de color (es lo que pasó en San Baudelio de Berlanga, por eso en sus muros aún se conservan las improntas de las pinturas strappadas).

El strappo es sistema más rápido y sencillo de realizar, de ahí que se generalizara a finales del siglo XIX,  pero según relata Mora (1) en su popular libro sobre restauración de pintura mural, presenta varios inconvenientes que hacen que su empleo esté poco extendido en la actualidad. 

El principal de los problemas es que cuando la pintura se adhiere sobre un nuevo soporte, tras ser arrancada, tiende a presentar una superficie anormalmente plana y uniforme debida a la pérdida de las pequeñas ondulaciones naturales de la pared, a esto habría que unir la ya mencionada pérdida de película pictórica.

Estos dos factores: pérdida de la preparación del muro y pérdida de materia pictórica, junto con la incorporación de un nuevo soporte en el reverso de la pintura (tradicionalmente de cal y caseína) hacen que varíe el aspecto de la pintura ya que se habrán modificado parámetros tales como la reflexión de la luz, la transparencia, etc. 

Normalmente se solía recurrir a este sistema cuando el sustrato de la pintura había perdido su cohesión hasta el punto de ser imposible su consolidación in situ, cuando la adherencia de la película pictórica al sustrato era deficiente o cuando el sustrato era demasiado delgado. Entonces se optaba por salvar la capa de pintura arrancándola a strappo y trasladándola a un nuevo soporte.

El strappo presenta la ventaja de ser un método directo que permite la separación de grandes superficies en una sola pieza y también demostró su utilidad a la hora de arrancar pinturas de superficies curvas como bóvedas o cúpulas, además la aparente sencillez del método y su bajo coste hace que este fuera el método idóneo para el expolio de murales por parte de los amigos de lo ajeno.

Ya hemos comentado en alguna ocasión, que la mayoría de las pinturas murales presentan cierta solubilidad al agua, como en el proceso de arranque tradicional se aplicaba un adhesivo acuoso, antes se debía de insolubilizar la superficie pictórica mediante la aplicación de una resina, un polímero acrílico en solución. Aunque una alternativa puede ser  realizar el strappo utilizando un adhesivo sintético.

El sistema para realizar un strappo consiste en aplicar una o varias capas de gasa de tela (tarlatana de algodón) pegadas al muro  con un adhesivo (cola orgánica generalmente) que al secar tiene la suficiente fuerza como para llevarse la pintura cuando se tire de la gasa. La elección del una tela y un adhesivo adecuados determinarán en gran medida el éxito del arranque. Si el adhesivo no tiene la suficiente fuerza o no penetra lo suficiente en la película pictórica es probable que parte de esta permanezca en el muro.

La pintura una vez arrancada se suele enrollar para facilitar su transporte. El paso final, como en los otros sistemas de arranque, consiste en limpiar el reverso de la pintura para colocarla en un nuevo soporte, en ese momento es cuando se puede retirar la gasa de protección reversibilizando el adhesivo con humedad.

Aunque el empleo del strappo en la actualidad es escaso, existen ejemplos de su empleo, normalmente empleando adhesivos sintéticos (se pueden ver fotos de este tipo de procesos aquí, casos 2 y 3 del apartado mural) además en los últimos años se ha desarrollado una interesante alternativa a este tipo de arranques mediante el empleo de resinas epoxi (2). 

(1) MORA, Paolo; MORA, Laura S. y PHILIPPOT, Paul. Conservation of wall paintings. Butterworths, 1984. Londres.

(2) BARBERO, Juan C. Una alternativa a los arranques tradicionales de pintura mural.2005. Aguilar de Campoo

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San Miguel de Gormaz,”nuevas” pinturas románicas

Escrito por Iván el Lunes, 15 de septiembre del 2008 a las 20:30

San Miguel de Gormaz. Ábside. Foto: Diana Álvarez.

Hace apenas diez días abrió sus puertas al público, tras un largo proceso de restauración de diez años, la ermita de San Miguel en  Gormaz (Soria).

Situada en un promontorio a los pies del castillo, la ermita guarda muchas semejanzas con la cercana San Baudelio de Berlanga. En ambas la sencilla y austera arquitectura exterior no hace prever un interior sorprendente y ricamente decorado.

San Miguel es un pequeño edificio de una sola nave separada del ábside rectangular por un arco de herradura. Esta ermita románica parece datar de finales del siglo XI y su austeridad arquitectónica y decorativa la han hecho permanecer olvidada durante siglos, de hecho, se salvó milagrosamente de su demolición para ensanchar la carretera por la que se sube al Castillo de Gormaz.

San Miguel de Gormaz.Interior del ábside tras la restauración.La iglesia permaneció olvidada y silenciosa hasta que, bajo las capas de cal que cubrían los muros en su interior, alguien creyó intuir restos de antiguas pinturas. Desde entonces se ha desarrollado un proceso de restauración integral, llevado a cabo por el Servicio de Restauración de la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León, que ha culminado con la apertura al público de la ermita y de su conjunto mural del siglo XII.

Las pinturas ocupan unos 186 m2 y se reparten por la bóveda y muros del ábside y las Escena de infierno en elmuro de la nave.paredes laterales de la nave, pero solo hasta la zona de la puerta (como si en el momento en que se hubieran pintado la ermita hubiera tenido una planta cuadrada, que se amplió posteriormente) de entre las escenas destacan las que representan caballeros (¿lucha entre el bien y el mal?), la psicostasis, el infierno, grupos de serafines… y una multitud de detalles que os recomiendo que descubráis en persona. 

Parece ser que se trata de pinturas al temple que se superponen a  un enlucido anterior del que no se han encontrado vestigios de policromía ornamental, ya que obviamente sólo se han investigado en los bordes.

La aparición de estos paños murales olvidados ha generado un interesante trabajo de investigación que relaciona de forma directa las pinturas de San Miguel de Gormaz con las de San Baudelio, las de Maderuelo (Segovia) y las de San Martín de Ávila.

Las similitudes entre algunos de los motivos que aparecen en Gormaz y en San Baudelio nos indican, sin lugar a duda, que fueron realizadas en el mismo periodo (entre 1125 y 1132) y, muy posiblemente, por un mismo taller. La paloma que representa al Espíritu Santo, que se sitúa sobre la ventana central del ábside, es exactamente igual a la de San Baudelio, la única diferencia es que aquí está boca arriba y en San Baudelio boca abajo.  Incluso se ha podido comprobar que las plantillas que se utilizaron para calcar algunos de los motivos decorativos debieron de ser las mismas en ambas ermitas,  ya que los dibujos coinciden al milímetro.

Con la intervención en las pinturas se ha pretendido reintegrar los morteros y la policromía perdida y repasar tanto la obra del siglo XII como los niveles de fechas anteriores pero de difícil datación.

Se han realizado obras de conservación y restauración de los paramentos de pinturas murales. Tras el desencalado se realizaron tratamientos de limpieza del polvo adherido a los murales, debido a que en ningún punto están totalmente verticales,  generando depósitos de suciedad sobre las pinturas. La limpieza se ha realizado mediante un barrido con brocha y aspirado de partículas y, simultáneamente, se han eliminado los restos de las resinas acrílicas que se emplearon en la fase previa para adherir los estratos polícromos a los enlucidos de mortero. Las obras hechas con anterioridad, en los años 2001 y 2002, garantizaron la conservación de las pinturas, que quedaron perfectamente consolidadas y limpias .

La última fase de la restauración dedicada a  la reintegración y los acabados de las pinturas fue realizada por la empresa Cambium S.L. y ha sido dirigida por Carlos Tejedor Barrios. En esta fase se han reintegrado los “picotazos” y lagunas menores que presentaba la pintura mediante la aplicación de aguadas de color, mientras que las grandes pérdidas se  han integrado con un mortero a bajo nivel entonado cromáticamente mediante el empleo de estarcido. Ahora  el efecto es de continuidad mejorando el aspecto puramente estético de la decoración pictórica.

Se ha finalizado la restauración de las pinturas con el aumento de los contrastes de colores y dando una protección final con resina acrílica en todos los paramentos policromados.

Es de especial interés la reintegración de color en la zona del presbiterio donde se han entonado las zonas perdidas con las superficies existentes esponjeando tres tonalidades complementarias. Posteriormente se ha realizado un estarcido acomodando el color a las zonas conservadas que rodeaban la parte reintegrada.  Las zonas más bajas han necesitado un estudio muy cuidadoso ya que los tonos originales de las pinturas habían variado debido a la humedad y al roce a lo largo de los siglos.

Aunque la ermita se incluirá como pieza estrella (junto con San Baudelio) en la próxima edición de la exposición Las Edades del Hombre que se celebra en Soria el año que viene, merece la pena visitarla ahora, con tranquilidad y probablemente solo.

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Las pinturas de San Baudelio (I). El expolio

Escrito por Iván el Domingo, 8 de junio del 2008 a las 15:33

Nervios de la columna central en la que se observan los fragmentos que no se arrancaron en 1926.

En las cercanías de la localidad soriana de Berlanga de Duero se encuentra la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, enclavada en el duro territorio fronterizo de la extremadura soriana, presenta un exterior sencillo y austero (como el paisaje de la zona) que para nada anuncia su interior, rico y único. Su construcción data de finales del siglo XI,  aunque se se sitúa sobre una cueva eremítica, en las cercanías de un manantial, relacionada con el culto a San Baudelio: mártir de Nimes, en el siglo IV. 

Dos son los elementos que hacen que San Baudelio sea un lugar excepcional. Por un lado su original y compleja arquitectura,  resultado de la unión de elementos de orientales y occidentales, y que genera elementos tan singulares como la columna central en forma de palmera o la parte baja del coro que recuerda las formas de una mezquita. Esta estructura arquitectónica se ve enriquecida por uno de los conjuntos murales románicos más importantes de la Península, cuya historia recordaremos para llegar a comprender el aspecto que tiene esta ermita en la actualidad.

Exterior de la ermita de San Baudelio de Berlanga.San Baudelio tenía sus paramentos interiores totalmente decorados con escenas del Nuevo Testamento, representaciones de animales (elefantes, dromedarios, osos) y cacerías, motivos decorativos geométricos y otros que representan telas. La pintura es posterior al edificio, se suelen fechar como del final del siglo XII o principios del XIII, y es obra de por lo menos tres autores (o talleres) diferentes: el llamado Maestro de Maderuelo (al que pertenecerían los temas decorativos de arcos, bóvedas y las escenas bíblicas), el Maestro de Berlanga (autor de las escenas de caza y los animales exóticos) y un tercer maestro que realizó las pinturas del interior del coro.

Estas pinturas pasaron desapercibidas durante siglos con algunas zonas ocultas bajo enjalbegados de cal lo que hizo que el estado de conservación del conjunto mural fuese bueno. En 1919 el eminente historiador Manuel Gómez- Moreno publica el libro “Iglesias Mozárabes” y saca a la luz el conjunto de pinturas que hasta entonces había pasado desapercibido (aunque el edificio estaba declarado Monumento Nacional desde 1917). Esta publicación no debió de llamar la atención de las autoridades de la época, pero si de los coleccionistas y marchantes que se fijaron rápidamente en las pinturas. 

Izquierda: Huella dejada por la pintura del dromedario en la ermita tras el arranque. Derecha:La pintura conservada en el Museo de los Claustrod de Nueva York.En esos años los propietarios de la ermita eran los vecinos de Casillas de Berlanga (que la poseían dividida, fruto de sucesivas herencias); en 1922 el anticuario de origen judío León Leví (“perfil de maravedí” dice Gerardo Diego en un poema dedicado a la ermita) consigue hacerse con las pinturas por 60.000 pesetas. La repercusión de esta operación es grande y el Estado decide prohibir la venta de los murales. Vendedores y compradores recurrieron a los tribunales y en 1925  obtienen una sentencia a favor fallada por el Tribunal Supremo (el vacío legal de la época permitió que esto fuera posible, pero a partir de ese momento surgieron leyes de protección del patrimonio histórico).

Huella de la pintura de “la cacería” en el muro de la ermita tras el arranque.En 1926, tras la eliminación de las capas de cal que ocultaban parte de las pinturas, expertos italianos  llegan a San Baudelio para arrancar las pinturas murales. El edificio quedó desnudo y tan solo se salvaron las partes de difícil acceso (bóvedas y nervios). El proceso de extracción de las pinturas se hizo siguiendo la técnica italiana del strappo, con este sistema se extrae tan sólo la capa de pintura más superficial por lo que deja en el muro, tras el arranque, parte del dibujo, pero de forma desvaída.

La escena de “la cacería” conservada en el Museo del Prado. Foto:www.museodelprado.esEn el año siguiente las pinturas fragmentadas en escenas, salen de España hacia Londres, allí tras ser montadas sobre lienzo, parten camino de Estados Unidos  donde son comprados por el coleccionista y marchante Gabriel Dereppe de Nueva York que a su vez las vende a varios museos: al Museo de Arte de Indianápolis va a parar la “entrada de Jesús en Jerusalén”, al Museo de Cincinati el “halconero” y al Museo Metropolitano de Nueva York varias escenas de caza y animales.

Pero el periplo no acaba aquí, en 1957 algunas de las pinturas se encuentran en el Museo Metropolitano de Nueva York,  que propone cambiarlas por el ábside románico de la Iglesia de Fuentidueña en Segovia para incorporarlo a una de sus sedes, el Museo de Los Claustros . El Estado español aceptó de inmediato este “depósito indefinido” y estas pinturas son las que se exponen actualmente el Museo del Prado (en una sala en el sótano que pasa bastante desapercibida para la mayoría de visitantes).

Mientras tanto en la ermita, despojada de su epidermis pictórica, los problemas de conservación eran cada vez más importantes…

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¿Qué es luz rasante?

La luz rasante es un sencillo método de examen para el análisis de las obras de arte. Es tan simple como situar un foco de luz de manera que ilumine la obra desde un ángulo lateral casi en paralelo con su superficie. Gracias a la luz rasante es posible apreciar detalles de la pieza que a simple vista pasaban desapercibidos. Algo parecido es lo que propone este blog. Poner de relieve y analizar de una forma sencilla temas relacionados con el arte el patrimonio, su conservación y su restauración.